En octubre próximo se cumplirán elecciones generales en Argentina.

La incertidumbre financiera y económica agobia a los argentinos, alimentada por una crisis política por la que el gobierno Mauricio Macri recurre a medidas desesperadas para salvar su reelección, en peligro en gran medida por sus propios errores.
Una de esas medidas fue imponer, a partir de esta semana y hasta fin de año, un control de divisas. Es decir, restringir la compra de dólares, en una movida para contener la depreciación de la moneda y la fuga de divisas, en medio de la crisis que enfrenta el presidente Macri al final de su mandato.
Los temores de la sociedad argentina son justificados, pues recuerdan la crisis que vivió en 2001, durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Ese año, el país sudamericano declaró la más grande moratoria (default o cesación de pagos) de su historia.
La ira popular fue desencadenada por el “corralito”, una restricción que pesaba sobre el retiro de dinero de los bancos.
Frente a la situación actual argentina, César Ferrari, profesor titular del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, explica que el gobierno Macri ha tomado una serie de medidas con desesperación por no perder la reelección.
No obstante, aclara que esto no resuelve el origen del problema en ese país: el abultado déficit interno y el gran gasto público.
Lo que hace es controlar la demanda de dólares, pero no resuelve el problema, el desbalance sigue aumentando, y el Banco Central argentino se va a quedar sin reservas; esto le imposibilitará al país pagar a sus acreedores, advierte el Doctor en Economía de la Universidad de Boston (Estados Unidos).
No hay que olvidar que el Fondo Monetario Internacional, FMI, le concedió un préstamo a Argentina en 2018 por más de 56.000 millones de dólares.
“Es una situación casi insoluble, Macri trata de dar unos paliativos para convencer a la gente de que es un buen gobernante”, insiste Ferrari, quien agrega que el gasto público es tan grande que no se puede llenar con los impuestos, y los ricos argentinos no quieren pagarlos tampoco.
Esta idea es compartida por Jaime Rendón, Doctor en Economía Internacional y Desarrollo de la Universidad de La Salle, quien sostiene que los gastos del Estado han seguido creciendo de manera incontrolada.
Además, pone de relieve la falta de credibilidad de los argentinos hacia Macri, a quien le achacan que su gobierno haya condicionado el gasto público, a medida que reducía los derechos sociales y económicos de la población.
Es más, precisa que durante este mandato se ha duplicado la deuda pública, de 200 mil millones a 324 mil millones de dólares, ha sobreendeudado al país, y lo ha puesto en una situación de debilidad frente a organismos multilaterales e inversionistas.
En resumen, “no está nada fácil la situación de Argentina”, remarca Rendón, quien incluso reconoce que “todo está dado para que ocurra una nueva crisis financiera, con una situación de nervios en los mercados financieros y el país pueda caer en default”, y que el peronismo recobre el poder.
Como se recordará, el actual presidente conservador sufrió una inesperada derrota en las primarias de agosto, que prácticamente eliminó sus posibilidades de reelección en octubre frente al peronista, Alberto Fernández.
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Proselitismo
En ese sentido, el historiador y experto en América Latina, Juan Carlos Sánchez Sierra, se refiere a que la coyuntura electoral estimula el proselitismo en torno al tema cambiario.
A renglón seguido, señala que Macri decidió los ajustes para evitar fugas, con la certeza de que su difícil camino en las urnas el 27 de octubre está sentenciado tras los resultados electorales del mes pasado.
“A su manera, entrega así la economía en graves dificultades, y un decreto que cubre su permanencia en la Casa Rosada”, afirma Sánchez Sierra.
A su modo de ver, el problema radica en que la estructura política del país no cambia, y más bien se habitúa a los ajustes según el tinte ideológico de los partidos, “antes que responder a los profundos problemas materia de su balanza comercial, el flagelo del endeudamiento, y la productividad de la economía”.
Por otro lado, considera que en Argentina, “el populismo frente al manejo económico no es novedad, y en particular desde el periodo de Carlos Menem ha sido el caballo de Troya para transformar la orientación macroeconómica y política del país”.
En su opinión, los problemas no están en las decisiones del gobierno de Macri, sino en la imposibilidad de salir de ese círculo vicioso.
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