Israel ejecutó una operación aérea masiva sobre Irán y eliminó a altos mandos militares como Hossein Salami y Mohammad Bagheri. Teherán prometió una respuesta “amarga y prolongada”, mientras crece el temor a una guerra regional en Oriente Medio.

Publicado por: Redacción De Internacional
En la noche del jueves 12 al viernes 13 de junio, Israel lanzó una de las operaciones militares más contundentes de su historia reciente: un bombardeo aéreo sincronizado sobre al menos un centenar de objetivos estratégicos en territorio iraní, entre ellos centros nucleares, bases de misiles y comandos militares de alto rango. La ofensiva, denominada Operación León Creciente, dejó una estela de muerte, tensión diplomática y temores de una guerra abierta en el corazón de Oriente Medio.
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Según fuentes oficiales israelíes, la ofensiva fue una respuesta directa a una cadena de provocaciones iraníes en la región, incluyendo el suministro de drones y misiles a milicias aliadas como Hezbolá y los hutíes, además de los recientes ataques verbales del régimen de Teherán contra el Estado hebreo.
Pero esta vez, el alcance fue más allá del simbolismo militar: la aviación israelí logró abatir a tres figuras clave del aparato castrense iraní, en lo que algunos analistas han comparado con “descabezar al dragón”.
Entre los muertos confirmados están el general Hossein Salami, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica; el general Mohammad Bagheri, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán, y el comandante Gholam Ali Rashid, responsable del Comando Central Khatem al-Anbiya. Además, se reporta la muerte de al menos seis científicos vinculados al programa nuclear iraní, dos de ellos con formación en física nuclear y energía atómica aplicada.
El ataque se concentró en zonas como Isfahán, Shiraz, Bandar Abbas y especialmente Natanz, donde se encuentra una de las plantas de enriquecimiento de uranio más vigiladas del planeta. Imágenes satelitales reveladas horas después mostraban cráteres de impacto en las inmediaciones de esa instalación, aunque Teherán ha negado daños estructurales significativos.
Israel no ha confirmado oficialmente el número de aeronaves ni el tipo de armamento utilizado, pero diversas fuentes señalan que participaron más de 200 aviones de combate, incluyendo unidades furtivas F-35I Adir, y que se emplearon misiles de alta precisión.
La respuesta iraní: fuego y amenazas
Pocas horas después del bombardeo, Irán respondió lanzando más de 100 drones en dirección al territorio israelí. La mayoría fueron interceptados por el sistema antimisiles Domo de Hierro antes de cruzar el espacio aéreo israelí, según informó el portavoz militar Daniel Hagari.
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En un discurso transmitido por la televisión estatal, el líder supremo iraní, Ali Jamenei, calificó el ataque como “una agresión cobarde” y prometió un castigo “amargo y prolongado”. “El régimen sionista se ha extralimitado. No dejaremos que este crimen quede impune”, afirmó. También convocó a una sesión extraordinaria del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y ordenó el alistamiento de las fuerzas armadas.
Un equilibrio frágil, una región al borde
La comunidad internacional reaccionó con alarma. El Consejo de Seguridad de la ONU convocó una reunión urgente mientras Rusia, China y la Unión Europea pidieron contención. El presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió que “una chispa puede incendiar la región entera”. Turquía y Arabia Saudita han expresado preocupación, recordando que gran parte del comercio energético mundial depende de la estabilidad en el Golfo Pérsico.
El petróleo, por su parte, se disparó un 7% en los mercados internacionales ante el temor de una escalada mayor que ponga en riesgo el paso por el Estrecho de Ormuz.
Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump se desmarcó del operativo, pero no dudó en enviar un mensaje ambiguo: “No estamos detrás de esta acción, pero si Irán decide responder, nuestra contraofensiva será más brutal aún”.
Aunque no es la primera vez que Israel ataca objetivos iraníes, lo ha hecho repetidamente en Siria, Líbano y en operaciones cibernéticas contra el programa nuclear, este ataque representa un punto de inflexión. No solo por la magnitud del golpe, sino por el simbolismo de eliminar parte de la cúpula militar iraní directamente en su territorio.
Para algunos sectores conservadores en Israel, la operación representa un éxito militar y diplomático. Para otros, abre la puerta a un conflicto que podría arrastrar a potencias regionales y globales a una guerra prolongada.
Por ahora, la calma es solo aparente. Las sirenas antiaéreas siguen activadas en ciudades israelíes, el espacio aéreo de ambos países permanece restringido y en las calles de Teherán se escuchan proclamas de venganza. En Jerusalén, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han elevado su nivel de alerta al máximo y el gabinete de seguridad se mantiene en sesión permanente.
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Israel ha dicho que está preparado para una “ofensiva larga”.
Lo que nadie sabe aún es cuánto costará esta guerra que apenas comienza, ni a cuántos países más arrastrará en su paso.















