Cayó Vance Boelter, el asesino de dos congresistas en Minnesota. El tirador, que tenía una lista con 70 objetivos políticos y activistas, fue capturado tras una intensa persecución.

Publicado por: Redacción Internacional
La madrugada del 14 de junio, el silencio suburbano de Champlin, un apacible distrito residencial en Minneapolis, Minnesota, fue abruptamente quebrado por disparos dirigidos contra la casa del senador estatal demócrata John Hoffman. Horas después, otra escena de horror se repetiría en Brooklyn Park: la excongresista Melissa Hortman, figura emblemática del Partido Demócrata en Minnesota y su esposo Mark, eran encontrados muertos por heridas de bala en su domicilio.
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La conexión entre ambos hechos no tardó en esclarecerse: un mismo responsable, identificado como Vance Luther Boelter, de 57 años, exdirector de una firma de seguridad privada, fanático religioso y simpatizante del trumpismo más radical. Lo que parecía un caso aislado pronto adquirió dimensiones aterradoras: Boelter tenía en su poder una lista con al menos 70 nombres, entre los que figuraban legisladores demócratas, líderes activistas por el derecho al aborto, médicos de clínicas y funcionarios federales.
De acuerdo con las autoridades estatales y federales, Boelter actuó con una planificación meticulosa. Luego de atacar a John y Yvette Hoffman en su casa, ambos sobrevivieron, aunque con heridas graves, se dirigió a Brooklyn Park, donde irrumpió en la vivienda de los Hortman. Melissa Hortman, quien había presidido la Cámara de Representantes estatal y se retiró de la política recientemente, fue asesinada junto a su esposo sin que lograran pedir ayuda.
Ambas familias eran conocidas por su activismo progresista y su defensa del derecho al aborto en Minnesota, un estado históricamente dividido en lo político. El FBI confirmó que el atacante mantenía una ideología extremista conservadora, sustentada en lecturas religiosas radicales y discursos de odio en línea. Boelter se presentaba a sí mismo como “predicador” y circulaba por los vecindarios en una camioneta modificada con luces de policía, simulando autoridad.
Pero el verdadero horror vino tras su captura. Luego de más de 24 horas de persecución, que incluyó helicópteros, drones y la participación de más de 200 agentes estatales y federales, Boelter fue hallado escondido en una zona rural del condado de Sibley, a unos 100 kilómetros al suroeste de Minneapolis. En su vehículo se hallaron múltiples armas, entre ellas un fusil tipo AK-47, munición de alto calibre, esposas, binoculares, un uniforme de policía falso y un cuaderno con direcciones escritas a mano.
El cuaderno contenía los nombres y ubicaciones de 70 personas, incluyendo a la congresista Ilhan Omar, los senadores federales Amy Klobuchar y Tina Smith, y varias médicas que trabajan en clínicas Planned Parenthood. Algunos estaban marcados con un círculo rojo. La lista incluía, además, iglesias inclusivas, sedes de campañas demócratas y centros de salud reproductiva.
Everyone drop a 💙 to honor the life of Melissa Hortman 🇺🇸 pic.twitter.com/UAjlFOxpK8
— Lucas Sanders 💙🗳️🌊💪🌈🚺🟧 (@LucasSa56947288) June 15, 2025
La reacción del gobierno de Estados Unidos: “Un asesinato político”
“Estamos ante un caso de terrorismo político interno. No hay otra forma de llamarlo”, declaró con contundencia el gobernador de Minnesota, Tim Walz. “Melissa Hortman fue asesinada por lo que pensaba, por lo que defendía. Este crimen nos obliga a reflexionar sobre el creciente clima de odio en nuestro país”.
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La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, también reaccionó: “Este atentado no solo es un acto de violencia personal, es un ataque directo a la democracia”. Mientras tanto, decenas de congresistas solicitaron protección adicional. Varios de los nombres en la lista de Boelter ya habían denunciado amenazas previas.
El FBI incluyó a Boelter en su lista de los más buscados durante las horas de su fuga y ofreció una recompensa de 50 mil dólares por información. La ciudadanía respondió con más de 400 pistas, lo que permitió ubicarlo sin que se produjera un nuevo enfrentamiento armado.
Boelter enfrenta múltiples cargos estatales y federales, incluidos dos de asesinato en segundo grado, dos de intento de asesinato, posesión ilegal de armas de fuego, conspiración para cometer actos de terrorismo y acoso. De ser hallado culpable, podría enfrentar cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Su defensa ha solicitado una evaluación psiquiátrica, aunque las autoridades descartan por ahora una exención por enfermedad mental.
Este crimen ocurre en un contexto de creciente polarización política y violencia contra figuras públicas en Estados Unidos. Según el Capitol Police Threat Assessment, los casos de amenazas contra legisladores federales aumentaron un 300 % en la última década, muchas motivadas por posiciones ideológicas sobre el aborto, la identidad de género y el control de armas.
La historia de Boelter, con sus símbolos religiosos, discursos de supremacía blanca y armamento militar, se asemeja cada vez más a un patrón repetido entre los autores de atentados ideológicos. La diferencia es que esta vez su lista pudo haberse convertido en un reguero de sangre de no haber sido detenido a tiempo.
Mientras las banderas ondeaban a media asta frente al Capitolio de Minnesota, el estado rendía homenaje a Melissa Hortman y su esposo. Su legado, dijeron sus colegas, “será una semilla en la lucha por proteger la democracia”.















