Zohran Mamdani, primer musulmán en ganar las primarias demócratas por la alcaldía de Nueva York, se perfila como un referente del progresismo urbano. Su ascenso impacta también en Colombia, donde inspira debates sobre inclusión, justicia social y liderazgo migrante.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
En Nueva York, la ciudad donde todo se encuentra y todo se enfrenta (la Wall Street de los billonarios y el Bronx de las huelgas de alquiler; la Estatua de la Libertad y Rikers Island), acaba de emerger un nombre que, hasta hace poco, circulaba apenas en los márgenes del poder. Zohran Kwame Mamdani, 33 años, hijo de inmigrantes, rapero, activista por Palestina y socialista confeso, se impuso en las primarias del Partido Demócrata a un viejo zorro de la política: el exgobernador Andrew Cuomo.
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Con esta victoria, Mamdani no solo desafía al establishment político de la ciudad más poderosa del país. También pone sobre la mesa un nuevo modo de entender la política: más cercana, más directa, más plural. Su candidatura es el espejo de una ciudad cansada de las mismas promesas, y hambrienta, literalmente, de justicia social.
Zohran nació en Kampala, Uganda, pero su vida es profundamente neoyorquina. Su madre, Mira Nair, es una cineasta de culto con mirada crítica sobre la migración y la identidad. Su padre, Mahmood Mamdani, es un intelectual influyente en estudios africanos y coloniales. Desde pequeño, Zohran supo moverse entre las salas universitarias y las calles de Queens, donde se crió.
Estudió en Bowdoin College y luego en Harvard, pero su verdadera escuela política fue la calle. Durante años trabajó como asesor hipotecario, fue organizador comunitario y se subía a escenarios improvisados como rapero bajo el alias Mr. Cardamom. Su música mezclaba ritmos del sur asiático con letras que hablaban de racismo, desalojo, lucha y espiritualidad. Nunca renunció a su identidad musulmana; al contrario, la convirtió en un punto de encuentro con las comunidades invisibilizadas.
Entró a la Asamblea Estatal en 2021 por el Distrito 36, en Queens, como parte de la oleada de candidatos progresistas aliados al Democratic Socialists of America. Desde entonces, ha promovido leyes para proteger a inquilinos, congelar aumentos de renta en viviendas públicas, ampliar el acceso al transporte gratuito y regular el sistema hipotecario que arrastra a miles de familias a la deuda.
Pero fue en 2024, en pleno ascenso de discursos xenófobos y políticas antiinmigrantes del actual gobierno republicano, que decidió postularse a la alcaldía de Nueva York.
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This is why Zohran Mamdani won. He's a modern, educated American with a sense of humor who not only knows how to communicate, but understands and empathizes with the plight of working class Americans. I sincerely hope the Democratic Party is taking notes. pic.twitter.com/eXorKm71us
— Bill Madden (@maddenifico) June 26, 2025
“Una ciudad que empieza a hablar otro idioma político”
Nueva York es mucho más que un ícono global. Es una ciudad con más de 8 millones de habitantes, donde el 37 % nació fuera de los Estados Unidos. El 29 % de su población es latina, el 24 % afroamericana, y el 14 % asiática. Pero en esa riqueza étnica también habita la desigualdad.
Más de 50.000 niños dependen hoy de subsidios estatales para alimentarse. En algunos barrios de Brooklyn o El Bronx, más del 60 % de las familias gasta la mitad de sus ingresos en alquiler. El metro está desbordado y las políticas de vivienda pública han sido abandonadas en favor de la especulación inmobiliaria.
Zohran Mamdani habla a ese dolor colectivo. En vez de suavizar su discurso, lo ha radicalizado en el sentido más político del término: ha ido a la raíz del problema.
Propone supermercados públicos que vendan alimentos a precios subsidiados, y que estén controlados por la alcaldía. Plantea ampliar la vivienda social, imponer impuestos más altos a los multimillonarios y destinar esos fondos a escuelas, salud mental y subsidios familiares. Y lo hace sin esconderse: se declara socialista, antiimperialista y partidario del movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) contra el apartheid israelí.
Desde Bucaramanga, Ronald Edgardo Cuenca Tovar, decano de Ciencias Sociales de la Universidad de Santander, interpreta el ascenso de Mamdani como algo más que un giro electoral: “Estamos presenciando el nacimiento de una nueva generación de liderazgo. No solo es un musulmán practicante que no oculta su fe; es también un político que entiende el hambre como un problema estructural. Propone supermercados municipales y subsidios alimentarios, en lugar de depender de la caridad. Y eso es muy potente”.
Cuenca añade: “Lo más revolucionario es que no lo hace desde un discurso tecnocrático, sino desde la vivencia. No es un outsider que llega desde Harvard con recetas: es alguien que ha hecho filas para pagar la renta, que ha vivido lo que denuncia”.
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El politólogo Camilo Cruz, doctor en Ciencias Políticas y docente de la Unab, advierte que este fenómeno tiene que ser comprendido en clave de realismo político. “Nueva York es una ciudad de mayoría demócrata, pero eso no significa que esté lista para el socialismo. Sin embargo, lo que hace Mamdani es reorganizar las bases del partido, lo que en EE.UU. se conoce como grassroots. Frente a un Partido Demócrata que ha perdido fuerza institucional, emergen liderazgos de barrio, de comunidad, más cercanos a los jóvenes y a las luchas culturales”.
Y matiza: “Como en cualquier democracia, cuando hay un gobierno federal de derecha, surgen dinámicas locales más a la izquierda. Esto también lo vemos en Colombia: hay un gobierno nacional progresista, pero alcaldías y gobernaciones más conservadoras. Mamdani es parte de esa oscilación natural del péndulo democrático”.
Cruz señala también que el ascenso de este tipo de figuras puede generar fricción interna: “En Nueva York, el actual alcalde, también demócrata, ha anunciado que se lanzará como independiente con apoyo indirecto de Trump. Eso habla de la ruptura que vive el partido. Mamdani es una amenaza para ese centro cómodo que no quiere ni perder el poder ni enfrentarse con claridad a la derecha”.
Lo que ocurre con Mamdani no es nuevo en la historia política estadounidense, pero sí representa una inflexión. Figuras como Ilhan Omar, Rashida Tlaib o Alexandria Ocasio-Cortez ya han demostrado que las mujeres jóvenes, racializadas y de clase trabajadora pueden llegar al Congreso y transformar el lenguaje político.
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Pero una alcaldía como la de Nueva York tiene un peso distinto. No se trata solo de administrar una ciudad. Se trata de dirigir un motor económico global, un centro de poder cultural, y un laboratorio de convivencia étnica, migratoria y religiosa sin paralelo en el mundo.
La victoria de Mamdani en las primarias ya es un mensaje. Pero si gana la elección general, podría ser el comienzo de algo más grande: un reencuentro de la política con sus promesas originales. Y también, una lección de resistencia, diversidad e imaginación para las democracias de todo el continente.
















