Expertos alertan sobre posibles cambios estratégicos mientras varios países siguen de cerca la evolución del convenio.

Publicado por: Redacción Vanguardia
Antes de que Arabia Saudita pueda avanzar en el desarrollo de infraestructura para enriquecer uranio, el acuerdo de cooperación nuclear civil alcanzado con Estados Unidos aún deberá superar varias etapas técnicas y políticas. Aunque Washington insiste en que el pacto mantiene estrictos estándares de seguridad y no proliferación, su anuncio ya comenzó a generar inquietud entre gobiernos, analistas y expertos en seguridad internacional, quienes advierten sobre el impacto que podría tener en el equilibrio estratégico de Medio Oriente.
Crecen las dudas sobre el alcance del pacto
El aspecto que más controversia ha despertado es la posibilidad de que, en el futuro, Riad pueda enriquecer uranio dentro de su territorio con un esquema de supervisión distinto al aplicado en otros acuerdos similares. Ese escenario ha provocado reacciones en Irán, Israel y Estados Unidos, donde diversos sectores consideran que el convenio podría abrir la puerta a una nueva competencia nuclear en la región.
En Teherán, el debate tomó un rumbo distinto. Mientras algunos cuestionan lo que califican como un doble rasero de Washington, otros funcionarios sostienen que, si Arabia Saudita obtiene mayores capacidades nucleares, Irán tendría argumentos para ampliar su propio margen de maniobra.
El portavoz del Ministerio del Interior iraní, Ali Zeinivand, afirmó que, si se desencadena una carrera armamentista en Medio Oriente, su país tendría “más libertad de acción que nadie”, al tiempo que acusó a Estados Unidos de aplicar criterios diferentes según el aliado del que se trate.
Las críticas también fueron respaldadas por el diario iraní Hamshahari, de línea dura, que acusó a Washington de permitir a Arabia Saudita avanzar en materia nuclear mientras mantiene la presión sobre el programa atómico iraní. Además, el medio volvió a vincular al reino saudí con los atentados del 11 de septiembre de 2001, pese a que Riad ha rechazado reiteradamente cualquier participación y Estados Unidos sostiene desde hace años que Al Qaeda actuó de manera independiente.
Israel busca influir en el proceso
En Israel, el acuerdo tampoco pasó desapercibido. Fuentes del gobierno señalaron que el primer ministro Benjamin Netanyahu conocía desde hace tiempo las negociaciones y considera que el proceso aún no está cerrado, por lo que espera influir en las decisiones finales mediante contactos con la Casa Blanca o el Congreso estadounidense.
De acuerdo con esas fuentes, Netanyahu continúa insistiendo en que el acuerdo nuclear esté acompañado de avances hacia la normalización de relaciones entre Arabia Saudita e Israel.
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El presidente Donald Trump afirmó recientemente que el denominado “Acuerdo Nuclear Civil” permanece condicionado a que Riad se incorpore a los Acuerdos de Abraham, iniciativa firmada en 2020 para establecer relaciones diplomáticas entre Israel y varios países árabes, entre ellos Emiratos Árabes Unidos y Baréin.
Sin embargo, Arabia Saudita mantiene su posición de no avanzar en una normalización con Israel mientras no exista un camino claro hacia la creación de un Estado palestino y una reducción de la violencia en Gaza.
Por qué Estados Unidos apoya el programa nuclear saudí mientras intenta destruir el de Irán
— DW Español (@dw_espanol) July 23, 2026
En plena guerra con Irán, Donald Trump llegó a un acuerdo con Arabia Saudita para ayudar a ese país a desarrollar un programa nuclear con fines civiles.
Muchos expertos, sin embargo,… pic.twitter.com/efRKbklz4A
El enriquecimiento de uranio genera alarma
Para las autoridades israelíes, el mayor riesgo del convenio no radica en la cooperación nuclear con fines civiles, sino en la posibilidad de que Arabia Saudita obtenga capacidad para enriquecer uranio.
El investigador Yoel Guzansky, exintegrante del Consejo de Seguridad Nacional de Israel y analista del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), advirtió que ese punto podría convertirse en un precedente para otros países de la región.
Recordó que el acuerdo firmado entre Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos en 2009 fue considerado el “estándar de oro” precisamente porque Abu Dabi renunció al enriquecimiento de uranio y aceptó amplios mecanismos de supervisión internacional.
Además, ese tratado contempla una cláusula que permite renegociar sus condiciones si otro Estado no nuclear de Medio Oriente obtiene beneficios más favorables. Por esa razón, expertos consideran que Emiratos Árabes Unidos, así como Turquía y Egipto, seguirán de cerca la evolución del acuerdo saudí.
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Audio en Ingles:
El presidente Trump CONFIRMA que Arabia Saudita debe unirse a los históricos Acuerdos de Abraham si quieren el acuerdo nuclear con Estados Unidos pic.twitter.com/SS5ZD8fJnE
— Javi🇨🇺 (@JaviXCubaLibre) July 24, 2026
Un equilibrio regional cada vez más frágil
La incertidumbre se produce en un contexto de creciente tensión regional. Israel nunca ha confirmado oficialmente poseer armas nucleares, aunque ampliamente se considera que dispone de ese arsenal. Irán, por su parte, ha enriquecido uranio hasta niveles cercanos a los requeridos para fabricar armamento, aunque insiste en que su programa tiene fines pacíficos y continúa siendo parte del Tratado de No Proliferación Nuclear.
Turquía y Egipto desarrollan programas nucleares civiles bajo supervisión internacional, mientras Ankara ya ha advertido que un eventual desarrollo de un arma nuclear por parte de Irán podría obligarla a reconsiderar su posición.
Según el Departamento de Energía de Estados Unidos, el convenio con Arabia Saudita corresponde a un denominado “acuerdo 123”, diseñado para la cooperación nuclear con fines pacíficos. El secretario de Energía, Chris Wright, aseguró que el documento mantiene los más altos estándares de seguridad y no proliferación.
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No obstante, antes de que Arabia Saudita pueda enriquecer uranio, un comité conjunto deberá determinar si esa actividad resulta técnica y comercialmente justificable. Además, cualquier instalación sería construida por Estados Unidos sin transferir tecnología sensible y el reino tendrá prohibido desarrollar tecnología propia de enriquecimiento o adquirirla de terceros durante los próximos diez años.
Las preocupaciones aumentan mientras el conflicto entre Estados Unidos e Irán continúa sin avances diplomáticos. Expertos advierten que, si Teherán decide convertir su uranio altamente enriquecido en un programa militar, podría desencadenarse una reacción en cadena en Medio Oriente.
Esa posibilidad ya había sido anticipada por el príncipe heredero Mohammed bin Salman, quien en 2018 aseguró que Arabia Saudita no busca desarrollar una bomba nuclear, pero que lo haría “lo antes posible” si Irán llegara a fabricar una. Un año después, el entonces líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei —quien murió tras un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a finales de febrero— restó importancia a la construcción de instalaciones nucleares saudíes al considerar que el reino depende de Washington.
















