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Jueves 10 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Vegetación extinguida en el Cañón

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La amenidad del recorrido por el Cañón del Chicamocha nos hace fijarnos en las ceibas barrigonas, los cujíes y las cactáceas. Pero solamente los documentos de los archivos permiten que recordemos las especies que fueron extinguidas por los hombres que nos precedieron. Dos de ellas eran magníficas: el palo Brasil (paubrasilia echinata) y la palma de jipijapa (carludovica palmata). Eran parte del paisaje de un bosque seco tropical y hoy las extrañamos con pesar al ascender la cuesta entre El Pescadero y Chiflas.

El palo Brasil es una leguminosa originaria de Brasil con una madera de color naranja amarillento o marrón rojizo más oscuro. De esa madera se extraía un tinte rojo brillante (rojo natural 24), llamado brazilina, utilizado para teñir textiles bajo su presentación comercial en polvo o almidón. Llegaba a alcanzar alturas de hasta 15 metros, pero su lento crecimiento y la tala diezmaron sus poblaciones. Todavía en mayo de 1805 el alcalde pedáneo de Cepitá medió en una amistosa composición comercial entre Pedro Pablo Mantilla, de una parte, y de la otra la compañía Pinillos sobrinos y Gabriel Sorzano, natural de España. El objeto del contrato era la extracción de 130 arrobas del tinte en almidón en Cepitá y entregarlos en la plaza de Girón, de donde serían llevadas en barquetas hasta Mompox. Cada arroba fue pagada a 10 pesos de plata. Por otra parte, las hojas tiernas de la palma de jipijapa, tejidas por manos femeninas en Girón y Barichara para fabricar sombreros vendidos como “Panamá hats”, hicieron la independencia económica de cientos de mujeres santandereanas y la fortuna de los exportadores bumangueses.

Hoy ya no vemos las huellas de esa actividad extractiva en ese bosque seco tropical, pues nuestros antepasados no renovaron las plantas que talaron sin piedad en el Cañón. Más previsivas, las sombrereras nariñenses de Sandoná renuevan las palmas carludovicas, fuente de sus fibras de toquilla, siguiendo el ejemplo de las mujeres ecuatorianas de Montecristi, quienes ya disponen de denominación de origen para sus producciones. Han asegurado su futuro con los nuevos Panamá hats. Siempre es que hay gentes más previsivas que otras.

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