La elección de Rodolfo Castillo García para encabezar la Junta de Dirección General de la ANDI es una noticia que puede recibirse con satisfacción. No ocurre todos los días que un empresario de la región reciba esa responsabilidad dentro de un gremio nacional que reúne empresas de distintos sectores económicos y regiones del país.
La Junta fija políticas generales y elige al presidente de la Asociación. A Castillo le corresponderá dirigir las reuniones, ordenar las discusiones y procurar que las conclusiones adoptadas expresen el criterio del órgano colegiado, no únicamente la posición particular de uno de sus integrantes.
La tarea exige mucho más que ocupar un puesto visible. En una organización con empresas de tamaños, sectores y regiones diferentes, quien encabeza su órgano directivo debe conocer los temas, permitir que las diferencias se expongan y acercar posturas sin forzar consensos. Así, su autoridad depende de conseguir que las determinaciones sean fruto de una discusión seria y bien informada.
Lo interesante no es solamente que Castillo sea santandereano, sino que llega a este cargo después de fundar y sostener una empresa en la región. Al frente de su propia empresa ha debido enfrentar los costos de producir, conservar empleos y competir en el departamento. Además, presidió la junta seccional de la ANDI. Por eso llega a la Junta nacional con algo más que conocimiento gremial, pues ha vivido las dificultades de hacer empresa desde Santander.
Ser escogido para este cargo tampoco convierte a Castillo en delegado de Santander. La responsabilidad asumida es nacional y exige mirar más allá de los problemas de la región. Esa independencia será indispensable para presidir un órgano integrado por compañías distintas. El lugar donde comenzó explica la experiencia que aporta y el orgullo que produce, pero no lo obliga a favorecer intereses locales.
El nombramiento cuenta además otra historia. Cuando se habla de la presencia de Santander, la conversación suele concentrarse en la política y en los cargos públicos. La llegada de Castillo recuerda que una región también obtiene reconocimiento mediante sus empresas, universidades, gremios, investigadores y profesionales. No todos los aportes al país pasan por el Gobierno ni dependen de una elección popular. También provienen del trabajo que alcanza respeto fuera del departamento.

En un país que suele mirar a las regiones cuando hay una crisis, una protesta o una elección, noticias como esta muestran otra cara de Santander, la de quienes producen, generan empleo y alcanzan reconocimiento nacional mientras mantienen aquí sus empresas. Que Rodolfo Castillo llegue a esa posición no resuelve nuestros problemas, pero sí corrige una imagen incompleta. Santander no solo reclama ser escuchado, también tiene personas a quienes Colombia decide escuchar.










