En nuestra relación con Estados Unidos tal parece que nada nos han enseñado los años, porque caemos siempre en los mismos errores, como dice la ranchera de José Alfredo Jiménez.
Digo esto como parte del análisis que se puede hacer de la visita del Secretario de Estado, Marco Rubio, a Barranquilla y de cómo el Gobierno está planteando la relación bilateral.
En primer lugar, el presidente De La Espriella parece ansioso por probar que es el mejor amigo de Trump en la región, y esa competencia con Milei y con Noboa no solo está muy dura, sino que termina sacrificando nuestra soberanía, ya de por sí precaria frente a Washington.
En el camino de un alineamiento hasta cierto punto irreflexivo, en el que venimos desde el pasado siete de agosto, nos hemos olvidado la importancia que tiene negociar en materia de política exterior y se han hecho toda suerte de concesiones, olvidando que una de las características de la estrategia transaccional de Trump ha sido castigar a los países aliados.
Del encuentro de Barranquilla queda el efecto simbólico de un relanzamiento de la relación bilateral, luego de los últimos dos años, en los que, desde la reelección de Trump, hubo varios momentos de tensión, como la descertificación de Colombia en la lucha contra las drogas.
Pero, aparte de las habituales promesas de seguridad y prosperidad compartida, el Secretario Rubio no hizo en Barranquilla ningún anuncio concreto en cuestiones como la petición del presidente, a mediados de agosto, de suspender los aranceles. Nada dijo sobre cómo va el trámite de los mil millones de dólares que Estados Unidos prometió dos días después de la posesión de De La Espriella. Tampoco se habló de Venezuela, que resulta crucial para nuestros intereses socioeconómicos y de seguridad.

De los dos memorandos de entendimiento suscritos, el más importante es el que le asegura a Estados Unidos el suministro de tierras raras y minerales estratégicos como niobio y tantalio. Este acuerdo plantea interrogantes en regiones como el Vichada, en la que la empresa canadiense Auxico Resources impulsa el proyecto minero Minastyc, pese a los impactos que puede traer sobre la Reserva Natural Bojonawi, situada a pocos kilómetros de Puerto Carreño y estratégica para la conservación de la Orinoquía y para la vida de las comunidades.
Con estos acuerdos, Estados Unidos intenta cerrarle el paso en América del Sur a China, su principal rival geopolítico, que controla el 60 % de la producción mundial de tierras raras, indispensables para la industria de defensa y el desarrollo de la IA.
Por ahora, el alineamiento de De La Espriella a los intereses del gobierno Trump es un factor a su favor, pero las cosas podrían cambiar a partir de las elecciones de medio término previstas para noviembre, pues tener estrechos vínculos con los sectores republicanos más radicales hoy en el poder no significa tener buenas relaciones con Estados Unidos.










