La ventaja de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta y la resistencia de Lula en el noreste convierten la movilización de los votantes en uno de los factores decisivos de la contienda.

Hay elecciones que se deciden por un programa de gobierno y otras que se deciden por la memoria. En Brasil, la de este fin de semana tiene un poco de ambas, porque pone frente a frente a dos formas de entender el país y a dos apellidos que llevan años marcando la política nacional.
Para millones de brasileños, votar ya no es solo escoger a un candidato, sino decidir cuál de los dos capítulos recientes de su historia quieren seguir escribiendo.
La escena, además, tiene un toque de película. De un lado está un líder de 80 años que ya gobernó el país en otra época y regresó para intentar un nuevo capítulo. Además: Brasil elimina la jornada de seis días y los municipios calculan el costo de la medida

Del otro, un senador que heredó la causa política de su padre y que dice querer imprimirle un estilo propio. Entre ambos hay un electorado agotado de las peleas, pero atento a cada gesto, y una cuenta regresiva que se mide en horas.
En las calles de Brasil ya no hace falta preguntar por quién se vota. Bastan los colores de una camiseta, una bandera en un balcón o una discusión en plena avenida para saber de qué lado está cada quien.
Hace semanas que el ambiente se parece más a una olla a presión que a una campaña, y el país se acerca al momento en que la tapa tendrá que levantarse. Lea también: Flávio Bolsonaro toma ventaja sobre Lula y Brasil se prepara para la segunda vuelta

Un país dividido y con las calles encendidas
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva afronta una difícil batalla por la reelección y necesita remontar, mientras que el senador opositor Flávio Bolsonaro busca ampliar la inesperada ventaja que obtuvo en la primera vuelta.
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Ambos se enfrentan en una segunda vuelta que, según las últimas encuestas, se prevé muy reñida que se realizará el domingo 25 de octubre donde los brasileños escogerán su próximo mandatario.
El 4 de octubre, el primogénito del expresidente Jair Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos, frente al 45,16 % de Lula. Desde entonces, cientos de miles de simpatizantes de ambos han salido a las calles para arroparlos, y esa efervescencia ha dejado momentos de tensión. Además: Brasil vota entre Lula y Flávio Bolsonaro en unas elecciones marcadas por la tensión

Lulistas y bolsonaristas se han provocado, insultado y gritado a plena luz del día, y la confrontación se ha trasladado a las redes sociales, donde ambas campañas intentan desgastar al rival.
Lula, de 80 años, busca su cuarto mandato no consecutivo y enfrenta uno de los mayores desafíos de su carrera, pues ningún candidato que quedó por detrás en la primera vuelta ha llegado a la Presidencia.
Además, entre 2022 y 2026, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) perdió 3,4 millones de votos. Felipe Nunes, profesor de la Fundación Getulio Vargas y director de la firma Quaest, explicó que esa caída se concentró en ciudades pequeñas donde la actividad agropecuaria tiene mayor peso económico.
Al comparar a Flávio con su padre en 2022, agregó, el hijo creció en el 98 % de los municipios, sobre todo en aquellos donde los granos, la ganadería y las grandes propiedades estructuran la economía. Lea también: Flávio Bolsonaro lleva a la Justicia el discurso de Lula en la ONU
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Frustrados con Lula, ahora votan por Bolsonaro
Goiânia, capital de Goiás y uno de los centros agropecuarios del país, muestra ese fenómeno de cerca. Allí, Pamela Lima, de 24 años, contó que votó por Lula influida por sus profesores, pero que se “arrepintió amargamente” al tratar con trabajadores por cuenta propia, como ella.
Flávio defiende impulsar el trabajo autónomo y flexibilizar el mercado laboral, aunque Brasil registra una tasa de desempleo en mínimos históricos. Wilker da Silva, decorador de 40 años, votó por Lula durante sus primeros mandatos (2003-2010), pero los casos de corrupción de la década pasada lo llevaron al bolsonarismo. “Lula nunca más”, sentenció.
El miedo también pesa. Según Quaest, un 43 % de los electores teme más el regreso de los Bolsonaro y otro 43 % teme más la reelección de Lula. Entre los primeros pesan el rechazo a Flávio o a su familia, el autoritarismo y la corrupción; entre los segundos, la corrupción, la preocupación económica y una valoración negativa del Gobierno. Además: Petro desde México se mete en las elecciones brasileñas

Lula apuesta por los abstencionistas
Con apenas un 1 % o un 2 % de indecisos, Lula intenta seducir a quienes no votaron. En la primera vuelta se abstuvieron 33,4 millones de brasileños, el 21 % del censo electoral. Sin embargo, la abstención ha aumentado en las segundas vueltas desde 1989, con una excepción en 2022, cuando cayó apenas 0,36 puntos porcentuales y se sumaron unos 570.000 votantes.
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El presidente multiplicó sus anuncios. Subió un 15 % el principal subsidio social, prohibió las apuestas deportivas, lanzó ayudas para autónomos y consiguió que el Congreso aprobara reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales.
Flávio, por su parte, sumó el respaldo del escritor Augusto Cury y del exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado, tercero y quinto en la primera vuelta, respectivamente.
Además, lideró la votación en 15 de los 27 estados, incluidos São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, los tres más poblados. La clave estará en si Lula mantiene su ventaja en el noreste, bastión de la izquierda, y acorta distancias en el resto del país. Además: Flávio Bolsonaro supera a Lula por primera vez en una encuesta para segunda vuelta

Flávio, el hijo que quiere seguir el legado
Flávio llega como el candidato más votado y con la misión de llevar al Palacio de Planalto el proyecto de su padre, líder de la extrema derecha y presidente entre 2019 y 2022, quien cumple en prisión domiciliaria una condena de 27 años por liderar una trama golpista para derrocar a Lula tras perder en 2022.
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Ungido por él, se presenta como un Bolsonaro con estilo propio. “Puedo ser más tranquilo y moderado, pero llevo sangre de los Bolsonaro”, afirmó al lanzar su candidatura por el Partido Liberal (PL). Su programa, de 76 páginas, menciona a su padre o a su gestión 22 veces. Además: Lula enfrenta una doble crisis diplomática con EE. UU. y Argentina antes de las elecciones

Las mismas banderas con matices propios
La seguridad pública, la reducción del Estado y la economía liberal son sus principales banderas. Bajo el lema “Brasil sin miedo”, propone bajar la edad de responsabilidad penal a 14 años para algunos delitos, seguir el modelo carcelario de Nayib Bukele, endurecer la lucha contra el narcotráfico, crear una tropa de élite en las fronteras, aplicar la castración química a violadores y fijar un mínimo de ocho años de cárcel por el robo de celulares.
En lo económico, plantea eliminar al menos diez ministerios, recortar cargos de confianza y gasto público, bajar impuestos, privatizar empresas y equilibrar las cuentas, además de impulsar una reforma judicial y convertir la Amazonía en riqueza, bajo el lema “Dios, Patria, Familia y Libertad”.
Se diferencia de su padre al proponer el fin de la reelección presidencial, proyectos para mujeres centrados en la independencia económica, la inclusión tecnológica y la seguridad, y una estrategia para explotar y procesar tierras raras y minerales críticos. Además: Crisis entre Brasil y Argentina: Lula retira a su embajador tras los insultos de Javier Milei

Trump como aliado y una sombra judicial
En política exterior, Bolsonaro prioriza el acercamiento a Estados Unidos, Israel y la Argentina de Javier Milei, y admira al presidente Donald Trump y ya ha tenido conversaciones telefónicas de apoyo con el presidente colombiano, Abelardo De La Espriella.
Defiende una zona de libre comercio continental y que Brasil se sume al Escudo de las Américas, una alianza conservadora impulsada por Trump contra el narcotráfico que contempla operativos estadounidenses en territorios de la región.

Nacido en Resende (Río de Janeiro), estudió Derecho y empezó en política a los 21 años como diputado regional. En 2019 llegó al Senado. Su historial incluye casos por lavado de dinero, denuncias por empleados fantasma y compras inmobiliarias en efectivo, todos estos casos fueron archivados al no poder comprobar nada.
Actualmente, lo investigan por la financiación de “Dark Horse”, una película sobre la vida de su padre, por sospechas de lavado de dinero, evasión de divisas y corrupción. Flávio niega esas acusaciones y asegura que se trató de un patrocinio privado y legal.

















