El resultado electoral deja un Parlamento dividido y sitúa a los partidos árabes en una posición decisiva para las negociaciones que definirán el próximo Gobierno.

Una noche larga, un país partido en dos y una sorpresa que nadie había anunciado en las encuestas. Así amaneció Israel este miércoles, tras unas elecciones que muchos describían como un examen decisivo para el hombre que lleva más tiempo en el poder en la historia del país.
Las primeras proyecciones a pie de urna habían mostrado un empate técnico. Con el paso de las horas, el recuento empezó a inclinar la balanza hacia un lado, aunque sin cerrar del todo la puerta a la incertidumbre.
Mientras los centros de votación quedaban atrás, la verdadera partida apenas comenzaba en los despachos.
El gran ganador de la jornada fue el primer ministro Benjamín Netanyahu, cuyo partido, el Likud, se perfila como la fuerza más votada. Sin embargo, la victoria llegó con una advertencia. Ni él ni su oposición alcanzan los 61 escaños necesarios para gobernar, por lo que el poder quedó en manos de una pieza inesperada: los partidos árabes. Además: Tres años después del 7 de octubre, la guerra de Gaza aún no encuentra salida

Cómo ganó Netanyahu sin ganar del todo
Con el 85,6 % de las mesas escrutadas, según el Comité Electoral Central y los cálculos de los principales medios locales, el bloque de Netanyahu suma 53 escaños de los 120 que tiene el Parlamento.
El Likud aporta 26; el partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá, 7; Shas, otros 7; Poder Judío, 7, y Sionismo Religioso, 6. Los dos últimos pertenecen a los ministros ultranacionalistas Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich.
Al frente del bloque contrario está el exmilitar Gadi Eisenkot, quien dirige Yashar! y se quedó con 21 escaños. Su coalición reúne 48 en total, con los 12 de Beyajad, el partido de los exprimeros ministros Naftali Bénet y Yair Lapid; los 8 de Los Demócratas, y los 7 de Israel Beitenu. Lea también: Vuelo rumbo a Israel terminó en Arabia Saudita: investigan posible intento de atentado
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Lo más llamativo es que las encuestas previas habían dado ventaja a Eisenkot. Los sondeos a pie de urna y el recuento posterior terminaron situando a Netanyahu como el más votado.
Se trata, además, de los primeros comicios desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las guerras posteriores, por lo que muchos los interpretaron como un referendo sobre el primer ministro. La participación fue récord. Los resultados oficiales se conocerán el 4 de noviembre. Además: Israel se suma al rescate en Colombia en medio de un histórico giro diplomático

El voto árabe, la gran bisagra
Los partidos árabes, que canalizan el voto de los palestinos con ciudadanía israelí, registraron un récord de 19 escaños, frente a los 10 de 2022. La Lista Conjunta, de izquierda, llega a 12 y el islamista Raam, a 7.
Son los únicos excluidos de ambos bloques, incluso por la oposición, y esa exclusión los convierte en el factor decisivo.
La movilización fue masiva. Conductores grabaron a beduinos del desierto del Néguev que llegaban a votar montados en camellos. En las localidades beduinas, la participación rondó el 80 %, frente al 46 % de 2022. En el norte, donde hay más comunidades cristianas, superó el 77 %, frente al 54 %. Además: Yemen vuelve a atacar a Arabia Saudita y aumenta la tensión en Oriente Medio
Beduinos de Israel acuden a votar en una fiesta democrática!! https://t.co/OgeSMZZqpr
— betsy recavarren (@betsypressk) October 28, 2026
Eisenkot prometió trabajar para reemplazar el Gobierno de Netanyahu y formar un gobierno sionista, sin mencionar a estos partidos, aunque los necesita.
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Netanyahu, por su parte, advirtió durante la campaña que el exmilitar tendría que pactar con ellos. El líder de la Lista Conjunta, Yusef Yabarín, planteó una alianza judeo-árabe, pero solo Yair Golán, de Los Demócratas, pidió sumarse. Mansur Abás, de Raam, aseguró que ambos bloques lo contactaron tras las encuestas. Lea también: De La Espriella firma decreto que permite retomar exportaciones de carbón a Israel

Así funciona la democracia israelí
Israel es una república parlamentaria. Los ciudadanos eligen a los 120 miembros de la Knéset, el Parlamento unicameral, y votan por partidos, no por candidatos de distritos.
Todo el país es una sola circunscripción y los escaños se reparten proporcionalmente entre quienes superan el 3,25 % de los votos. Por eso, a veces los partidos se unen antes de las elecciones.
Tras el voto, el presidente, un cargo esencialmente ceremonial elegido por la Knéset, escucha a los partidos y encarga a un legislador que forme gobierno. Ese candidato debe presentar su gabinete y obtener la aprobación del Parlamento.
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Los partidos tienen 45 días y, si fracasan dos veces, se convocan nuevas elecciones. Se vota desde los 18 años, no se permite el voto por correo y se puede aspirar a la Knéset desde los 21.
Ahora comienza la fase más difícil: la de negociar. La decisión final dependerá de si alguno de los bloques se atreve a pactar con los partidos árabes o si el país vuelve a las urnas.

















