El artista contemporáneo estadounidense Jay Garfinkel exhibirá en Barichara, Santander, “Memoria del color”, una muestra que reúne tres décadas de exploración de la abstracción, la naturaleza y los materiales al agua. La exposición estará abierta del 6 de noviembre al 8 de diciembre de 2026

Publicado por: Redacción Cultural
En el estudio de Jay Garfinkel una pintura puede permanecer varias horas sin que nadie la toque. Mientras una superficie se seca, él trabaja sobre otra y, cuando regresa, descubre que el agua ha continuado haciendo su parte: los pigmentos se desplazaron, una transparencia alteró lo que había debajo o una mancha comenzó a sugerir una forma inesperada.
Ese intervalo forma parte esencial de su método. Durante tres décadas, Garfinkel ha desarrollado una pintura construida desde la observación y la transformación progresiva de la superficie, hasta lograr imágenes en las que una flor puede insinuarse sin definirse por completo o un horizonte aparecer apenas como una extensión.
A partir de esa lógica puede entenderse mejor la exposición que llegará en noviembre a Santander. “Memoria del color” estará abierta del 6 de noviembre al 8 de diciembre de 2026 en la Casa de la Cultura Emilio Pradilla González, en Barichara. La inauguración, organizada por Cósima Galería, se realizará el viernes 6 de noviembre a las 7:00 de la noche.

El recorrido entre Nueva York y Barichara pone en relación dos escenarios con escalas y dinámicas diferentes. Garfinkel desarrolla su práctica en una ciudad decisiva para la circulación internacional del arte contemporáneo, mientras la muestra llegará a un municipio santandereano donde la creación mantiene vínculos estrechos con la arquitectura, el patrimonio, los oficios y el paisaje.
Esa distancia geográfica amplía las posibilidades de lectura de su obra, pues las pinturas concebidas en uno de los circuitos artísticos más activos del mundo encontrarán en Barichara otro paisaje y otros referentes desde los cuales ser contempladas.

Una obra construida desde la materia
Garfinkel comenzó a pintar en 1996 y desde entonces trabaja exclusivamente con materiales al agua, principalmente acuarela, acrílico y látex. Estos medios le permiten explorar transparencias, densidades y texturas que se convierten en elementos centrales de sus composiciones.
Sus cuadros se construyen de manera gradual y conservan rastros de distintas etapas de elaboración. Algunas marcas permanecen visibles, mientras otras quedan integradas en la profundidad de la superficie, creando una sensación de transformación orgánica.
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Desde esa perspectiva, el título “Memoria del color” encuentra una relación directa con su lenguaje: cada pieza guarda señales de su propia historia y de las decisiones acumuladas durante su creación.
Ese lenguaje se ha consolidado en Nueva York, ciudad donde coinciden museos, galerías, estudios independientes, coleccionistas, ferias y casas de subastas. Estados Unidos mantiene una posición central dentro del mercado internacional del arte y esa concentración convierte a la ciudad en un espacio permanente de intercambio entre generaciones, tendencias y maneras de comprender la creación.
Dentro de ese ambiente, Garfinkel ha construido una trayectoria alimentada por referencias diversas. Es licenciado en Artes por Dartmouth College y posee una Maestría en Ciencias por Pace University, mientras su experiencia profesional le ha permitido mantenerse cerca de diferentes figuras y espacios vinculados al arte contemporáneo.

Esa amplitud también aparece en su colección personal, donde figuran obras de Jasper Johns, Pablo Picasso, Andy Warhol y Richard Diebenkorn. La diversidad de esos nombres permite aproximarse a un universo visual atravesado por distintas formas de entender la imagen, la materia y la representación.
Su obra recoge esa apertura mediante una combinación de abstracción, referencias naturales y exploración de los materiales. A lo largo de su carrera ha expuesto en espacios como Montserrat Gallery y Artists Space, además de ingresar a distintas colecciones privadas.
Dentro de ese recorrido, la manera en que Garfinkel determina cuándo una pintura está concluida ofrece otra clave para comprender su trabajo.
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“Siempre espero desarrollar algo que sea hermoso, algo que personalmente desearía contemplar y tener en mi propio hogar. Esa es la medida con la que sé que una pintura está completa”, explica.
Su idea de la belleza está vinculada con la permanencia y con la capacidad de una imagen para continuar produciendo una experiencia después de la primera mirada. Por eso le interesa crear obras a las que sea posible regresar y descubrir nuevas relaciones con el paso del tiempo.

En esa misma línea, Garfinkel añade: “Quiero capturar algo bello y tranquilo con mi arte, algo que exista más allá de un momento fugaz; una permanencia que me permita compartir estos sentimientos con los demás”.
Esa aspiración guarda relación con una pintura cuya riqueza depende también de la cercanía. Las transparencias, variaciones de textura y profundidades adquieren otra dimensión durante la observación directa, de modo que la experiencia presencial forma parte de la manera en que sus obras pueden ser percibidas.
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Por ello, la llegada a Barichara representa una nueva instancia dentro de su recorrido artístico. Las piezas entrarán en relación con un escenario diferente al del estudio donde fueron concebidas y podrán adquirir asociaciones vinculadas con otro paisaje, otra luz y otros espectadores.

Colombia amplía sus circuitos de arte
Ese desplazamiento encuentra sentido dentro del panorama colombiano de las artes visuales. Durante los últimos años, el país ha fortalecido sus vínculos con el circuito internacional, mientras Bogotá continúa desempeñando un papel central por la concentración de galerías, ferias, museos y coleccionistas.
Alrededor de ese núcleo también han crecido proyectos independientes, espacios regionales e iniciativas orientadas a ampliar la circulación artística. ARTBO ha contribuido a ese intercambio mediante la reunión periódica de galerías, creadores y públicos procedentes de Colombia y de otros países.
A la vez, exposiciones, residencias y alianzas entre espacios culturales han extendido esa circulación hacia otros territorios. En ese mapa, la presencia de Garfinkel en Santander suma un nuevo cruce entre un artista radicado en Nueva York y un escenario regional colombiano.
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Su llegada refleja además un movimiento de doble vía: mientras artistas colombianos participan en circuitos internacionales, creadores extranjeros encuentran espacios para presentar sus trabajos en diferentes regiones del país.
De esta manera, casas de cultura, galerías independientes, gestores y proyectos regionales amplían las conexiones entre contextos distintos y contribuyen a que la conversación artística alcance nuevos públicos.
Dentro de ese mapa aparece Barichara. La Casa de la Cultura Emilio Pradilla González, ubicada en la calle 5 #6-23, recibirá la exposición hasta el 8 de diciembre.
Las obras encontrarán allí un entorno marcado por la piedra, la tierra, los tejados, la vegetación y las montañas que rodean al municipio. Esos elementos acompañarán inevitablemente la experiencia de quienes visiten la muestra y podrán abrir nuevas asociaciones frente a las composiciones abstractas de Garfinkel.

El lugar desde donde se observa transforma también la lectura. Una forma concebida en un estudio neoyorquino puede evocar en Santander una montaña, una flor o una extensión vegetal, según la experiencia y las referencias de quien la contemple.
Esa posibilidad coincide con el lenguaje del artista, cuyas composiciones mantienen abiertas distintas rutas de interpretación y permiten que la mirada del espectador participe en la construcción de sentido.
Así, “Memoria del color” articula tres escenarios: Nueva York, donde Garfinkel ha construido buena parte de su trayectoria; Colombia, que amplía sus intercambios artísticos internacionales; y Barichara, desde donde las mismas pinturas podrán adquirir nuevas resonancias.
Después de tres décadas de trabajo, Garfinkel continúa interesado en aquello que una imagen puede conservar y provocar con el paso del tiempo. En noviembre, sus pinturas cambiarán de escenario y llegarán a Santander, donde el paisaje y las nuevas miradas añadirán otra dimensión a esa historia.















