miércoles 29 de enero de 2020 - 12:00 AM

Derechos humanos, en ‘saldo en rojo’

La región ha pasado a convertirse en la prueba del profundo malestar social cuyas reivindicaciones son la deuda pendiente de los gobiernos de turno, que han apelado a la represión y a vulnerar los derechos fundamentales para contener la ira en las calles.
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Violencia, represión, impunidad, desapariciones, exclusión y discriminación: el ‘coctel’ explosivo para los derechos humanos en América Latina.

Todos estos ingredientes reunidos han convertido a esta región en terreno fértil para la vulneración de los derechos fundamentales de sus ciudadanos.

A lo que se le suma que es la más desigual del mundo, donde al menos 186 millones de personas, equivalentes a 30 % de la región, vive en la pobreza.

El Informe Mundial 2020 de la ONG Human Rights Watch (HRW), publicado el pasado 14 de enero, pone de relieve esta realidad latinoamericana, destacando ciertos avances en algunos países, pero reconociendo que la situación de los derechos humanos en Latinoamérica se mantiene precaria.

Sobresalen Colombia, Chile, Venezuela y Ecuador, países que dieron de qué hablar en cuanto a la vulneración de los derechos de sus ciudadanos en el marco de las violentas protestas y las masivas movilizaciones protagonizadas el año pasado.

También retrata la violencia vinculada al crimen organizado (pandillas y narcotráfico) en Guatemala y México, las violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad; y el problema generalizado de ataques y asedio contra la libertad de expresión mediante amenazas, presiones y restricciones de viajes en países como Nicaragua y Cuba.

El análisis de HRW, de 652 páginas y que analiza la situación en 100 países, también le reprocha a la administración de Donald Trump que haya “castigado cruelmente” a los migrantes centroamericanos que buscan llegar al país del Norte. Acusa a su gobierno no solo de criminalizarlos, sino además vulnerar el derecho al libre tránsito, y el principio de refugio.

Al referirse al reporte de esta ONG internacional, David Peña, docente de Derecho Internacional y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, resalta las situaciones graves de violaciones en Venezuela y Nicaragua y en otros estados, con cierto grado de democracia.

Menciona igualmente las violaciones graves a los derechos humanos en particular la vida, la libertad personal, de expresión, que conllevaron a tratos crueles, denigrantes, de tortura, desapariciones, secuestros y en muchos casos, homicidios selectivos.

También las situaciones graves, que han dejado los conflictos armados internos, como Colombia, el cual no ha logrado avanzar hacia el posconflicto, subraya Peña.

En el caso colombiano, la encrucijada de los derechos humanos se agrava no solo por la acción criminal de disidencias de las antiguas Farc o el Clan del Golfo, sino por el asesinato de excombatientes de las Farc y líderes sociales que permanecen en la impunidad, apunta en ese sentido Alexander Arciniegas, profesor de Ciencia Política de la Universidad Pontificia Bolivariana en Bucaramanga.

Peña enumera que países como México, Honduras, Guatemala, Perú, Bolivia, Argentina, Chile y Brasil, tienen un cambio de contexto y violaciones a los derechos humanos en lo que podríamos advertir en términos de derechos económicos, sociales, culturales, colectivos y ambientales.

En ese contexto, agrega que hoy se observan fenómenos como violencia de género, discriminación contra la mujer y las minorías, así como persecución a la libertad de prensa, violencia política, tráfico de drogas, armas, mafias y bandas delincuenciales que tiene en jaque la gobernabilidad en América Latina.

Bajo este panorama, Arciniegas considera que este retroceso de los derechos humanos en la región es el resultado del propio deterioro de la democracia, que inició con el golpe en Honduras en 2009 y que tuvo su episodio con la instalación del gobierno de Jeanine Áñez por intervención política de las Fuerzas Armadas en Bolivia.

“A este retroceso han contribuido liderazgos políticos como los de Trump, (Jair) Bolsonaro y (Alejandro) Giammattei cuyos discursos demagógicos expresan desprecio por las minorías y los derechos humanos”, asegura el profesor de la UPB.

El escenario no solo es preocupante en países como Venezuela, Nicaragua, sino en Estados Unidos, donde Trump discrimina a minorías como negros y latinos, y se agrava con el trato inhumano dado a los migrantes; en Brasil en donde Bolsonaro reivindica el discurso nazista al tiempo que afirma que negros e indígenas son seres humanos de segunda clase.

Reina la impunidad

Al abordar el tema, Carlos Andrés Pérez, docente de Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, insiste en que América Latina tiene grandes falencias para el cumplimiento de los derechos humanos, aludiendo a un componente investigación-sanción.

En ese orden de ideas, señala un tema fundamental: la debilidad institucional que se presenta en los países.

En lo que concierne a Colombia, dice que las cifras de impunidad son muy altas. Por ejemplo, cita que en delitos contra la integridad personal, entiéndase como amenazas, homicidios, entre otros, el índice de impunidad llegaba al 97 % en 2016.

Este tipo de situaciones se agravan y se vuelven “caldo de cultivo para que generan más violaciones a los derechos humanos”, advierte el investigador y abogado especialista en DD.HH.

Por último, Pérez cree que América Latina todavía es un terreno fértil para violaciones a los derechos humanos “porque el Estado no ha tenido la capacidad de reaccionar frente a un fenómeno tan fuerte como es la violencia, y que existe una debilidad institucional altísima”.

Lea además: América Latina protesta

$!Derechos humanos, en ‘saldo en rojo’
Tendencia mundial
Juan Carlos Sierra Sánchez, historiador y analista en política internacional, asegura que Colombia es un ejemplo de un país al que llegan gobiernos conservadores, que desconocen elementos fundamentales como por ejemplo el cambio climático y el respeto a las derechos de grupos de poblacionales o minorías.
Anota que no solo ocurre en América Latina sino en todo el mundo, lo que es una tendencia muy fuerte que se alargará si se tiene en cuenta la eventual reelección de Donald Trump en Estados Unidos.
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