viernes 31 de enero de 2020 - 12:00 AM

Doloroso éxodo centroamericano

Las historias de miles de centroamericanos, que alimentan actualmente una caravana migratoria de unas 3.000 personas, evidencian el drama por sobrevivir y cruzar, cueste lo que cueste, la frontera hacia Estados Unidos. Represión y criminalización les espera detrás de la frontera.
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Los centroamericanos siguen, sin parar, caminando hacia el norte.

Las imágenes de ‘ejércitos’ de familias enteras, que arriesgan todo, con tal de llegar a Estados Unidos, se ha convertido en un retrato cotidiano a lo largo de los países del llamado “Triángulo del Norte” (Honduras, Guatemala y El Salvador).

En 2018, partió la primera caravana de migrantes centroamericanos, con más de 3.000 personas, en lo que se consideró un fenómeno “sin precedentes” en la historia de la región.

Desde entonces, los centroamericanos, al filo de la sobrevivencia y dejados a su suerte, pero ahora se enfrentan a un escenario de fuerte represión -matizado por una retórica de odio- y de tratados comerciales, cuyo objetivo primordial es evitar a como dé lugar la llegada de los migrantes hasta la frontera norte de México.

Leslie Lemus, analista política especialista en Centroamérica, define la situación como una crisis social, política y económica que tiene una raíz histórica muy profunda, que se ha agudizado en la última década.

“Estamos hablando de recurrentes golpes de Estado, falta de legitimidad de las instituciones, una creciente violencia social aunado a la pobreza que ha caracterizado a la región y a la crisis económica, que le signifique a las personas empleos dignos e ingresos considerables”, explica la socióloga guatemalteca residente en México.

Su lectura es que son sociedades, no pobres, sino empobrecidas, con una profunda desigualdad histórica y que no le deja alternativas a la gente, que tiene que salir de sus lugares huyendo de la miseria y de la violencia.

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Perspectiva regional

Sin embargo, Lemus aclara que este fenómeno hay que entenderlo desde una perspectiva regional, señalando que las políticas migratorias emprendidas de Estados Unidos y México han sido de carácter represivo y punitivo.

En efecto, recuerda que cuando asumió el presidente Andrés Manuel López Obrador, él adoptó una política más amable con respecto a la migración centroamericana, pero no fue consistente, porque fue justo en el contexto de negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, así como por otro tipo de relaciones.

Esto, llevó a un giro notable del Gobierno mexicano frente al manejo migratorio, asevera la socióloga.

En ese marco, considera que México está funcionando como el “muro de contención” de la migración para Estados Unidos, “contrario a lo que muchos esperamos, de un trato más humanitario hacia la migración”.

Además es un hecho que México carga con la responsabilidad de detener a los migrantes centroamericanos ante la presión en cuanto a la imposición de aranceles y amenazas que públicamente ha expresado el presidente Donald Trump.

Pero, según ella, el cambio en la naturaleza y el carácter del fenómeno- ahora en masa- debe ser un llamado de atención a la región y a los organismos multilaterales.

“No es simplemente una aspiración económica como se decía antes en la búsqueda del sueño americano, porque ahora es una pesadilla, finalmente son medidas desesperadas”, comenta.

El error, a su juicio, es tratar de paliar una crisis regional de grandes dimensiones con medidas “parche”, haciendo referencia por ejemplo al muro fronterizo, del cual asegura seguirá siendo parte de una retórica aunque en términos físicos exista, y duda de la efectividad del mismo.

En esa misma línea, María Clara Robayo, internacionalista e investigadora de la Universidad del Rosario, quien destaca que América Latina ha aumentado de forma espectacular la migración intrarregional.

Es más, hace alusión a un informe de la Cepal, y de la FAO, que estima que hay cerca de 30 millones de migrantes latinoamericanos, y más de la mitad son mexicanos y centroamericanos que se dirigen al país del norte.

La situación es tan crítica que “la migración se ha convertido en un mecanismo de supervivencia”, añade Robayo.

Corresponsabilidad

De acuerdo con la experta en migración, la demanda de los países expulsores y de tránsito es que se dé un enfoque de tratamiento migratorio, no solo desde los Estados sino de corresponsabilidad y de políticas coordinadas, que busquen la seguridad humanitaria y su integración en las bases de desarrollo de esos estados.

En su opinión, México está aplicando una política migratoria contradictoria. Tiene centros de acogida, pero que no tienen la observancia internacional y que además, vulneran la situación del migrante, argumenta.

Igualmente considera que México se está convirtiendo en el “estado tapón” y esas medidas de externalización del control migratorio, las está usando Estados Unidos, como también pasa en Europa.

De otro lado, Robayo reprocha que los países de destino criminalicen la migración, pues la ven como una amenaza a la trabajo, las condiciones de bienestar social e, incluso la seguridad nacional.

“Los países están anclados en una política de seguridad nacional, y ve el tema de migración como algo discrecional, pues deciden quién entra y quién no entra, como Estados Unidos y Canadá”, resalta la experta.

Además insiste en que algo que EE.UU. ha hecho continuamente, pero ahora con Trump en la Casa Blanca, el país está jugado esa carta, en la medida en que es un tema muy sensible a la opinión pública, que mueve apoyos pero especialmente odios.

Y aunque sostiene, son decisiones de Gobierno más no de Estado, pueden que den resultados inmediatos, a largo plazo, solo terminan por “inflar la bomba social y generar asimetrías económicas, y no va a disminuir la migración” como se está viendo en la actualidad.

Más que de caravana de migrantes debiera hablarse de un éxodo de la población centroamericana expuesta a la inseguridad permanente, la violencia y la pobreza, según Rubén Sánchez, docente de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

“El pueblo tiene hambre, no hay empleo y la corrupción campea. La migración es la expresión y en buena parte el producto de relaciones desiguales entre regiones y países”, analiza el experto.

De hecho, menciona que en este caso, se puede afirmar que “parte de la responsabilidad incumbe a Estados Unidos como lo prueba la historia de la región, lo cual dio lugar a la frase: cuando Estados Unidos tose, Centroamérica se resfría”.

Finalmente, Sánchez insiste en que “lo que expulsa de sus países a los mal llamados migrantes es la falta de oportunidades para sobrevivir y la creencia de que en el paraíso norteamericano está la salvación”, dada la gran influencia que ha ejercido Washington en la historia de estas naciones latinoamericanas.

Lea además: Análisis: ¿México, el buen vecino de Estados Unidos?

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