viernes 08 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Tenemos que hablar

El 2018 marcó un punto de inflexión en la historia de Nicaragua, que hizo frente a una revuelta en las calles que fueron reprimidas con violencia por el gobierno. 2019 puede ser el año para salir de la crisis.
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Tras 11 meses de insurrección popular, seguida por una violenta represión que dejó centenares de muertos y sumió al país centroamericano en una profunda crisis social y política, Nicaragua intenta abrirse paso con un diálogo entre el Gobierno y la oposición para hallar una salida negociada.

El descontento popular en el país, que tiene la segunda más alta tasa de pobreza del hemisferio después de Haití, es generalizado después de que protestas callejeras en abril del año pasado en rechazo a reformas al sistema de seguridad social, fueron reprimidas con un uso excesivo de la fuerza.

La sociedad nicaragüense se empoderó y le puso cara al gobierno sandinista de Daniel Ortega, que durante 12 años ha gobernado sin que existiera una verdadera oposición y nadie lo hubiera cuestionado de una forma tan directa y tan valiente como lo hicieron estudiantes y sociedad civil

Para muchos, Nicaragua hoy es un país muy diferente al de antes de las protestas de abril de 2018, y luego de vivir su peor crisis con la Revolución sandinista entre 1979 y 1990.

Cediendo a la presión internacional y diplomática, el izquierdista Ortega no tuvo más remedio que dar su brazo a torcer en medio de penurias económicas, y luego de una incesante hostilidad política, sentarse a la mesa de diálogo en julio pasado para contener la crisis. Aceptó ir a las negociaciones antes de que la crisis económica se profundizara, pero las negociaciones entre las partes concluyeron al poco tiempo, tras un fallido intento de diálogo.

En un segundo intento, en febrero pasado, el presidente Ortega, quien retomó el poder en 2007 tras gobernar entre 1985 y 1990, anunció una nueva ronda de conversaciones con la oposición, cuyo desenlace es incierto.

Todo indica que Ortega terminó por rendirse ante las presiones de que es objeto para entablar un diálogo con la oposición, observa Rubén Sánchez, profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, quien añade que “así lo pide el empresariado, además de que el cabildeo del Vaticano y los Estados Unidos es muy fuerte”.

Y en ese sentido insiste: “lo que está en juego es el poder y todo depende de una correlación de fuerzas”.

Además menciona que el desprestigio que arrastra Ortega lo debilita. La mayoría de países latinoamericanos y occidentales condenaron la represión del gobierno nicaragüense, catalogándolo de “dictadura”.

No cabe duda de que Ortega sufrió una metamorfosis de revolucionario a dictador, cuando se erigió como líder guerrillero sandinista a finales de los años 70 para liberar al país centroamericano de la sangrienta dictadura de los Somoza.

Sebastián Polo, politólogo e investigador, opina que actualmente la situación que se vive en Nicaragua proviene de un deterioro político y económico que está sufriendo el movimiento sandinista.

En ese sentido recuerda que la Revolución Sandinista del 79 fue producto de una transición muy fuerte, de un legado dictatorial de más de 30 años que duró la dinastía de los Somoza.

Polo aclara que “el sandinismo no ha sido una fuerza política dominante sostenida desde el 79, si no que más bien ha sido intermitente”.

Así pues, cuando retorna el sandinismo al poder con Ortega, “emplaza en una situación en la que la izquierda entra en auge en América Latina, pero lo que actualmente está sucediendo con la crisis de legitimidad del movimiento sandinista deviene en un proceso paulatino de desfinanciación del Estado”, explica el politólogo.

Desfinanciamiento, según él, caracterizado por la disminución de las rentas petroleras derivadas en su momento por el auge económico venezolano en el marco de distintos mecanismos de cooperación con países centroamericanos y del Caribe.

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¿Qué esperar?

En cuanto a si las negociaciones pueden terminar en un acuerdo, el profesor Sánchez no descarta esta posibilidad, aunque dice desconocer cuáles serán las condiciones del mismo, “porque la posición a Ortega es débil, no es comparable a la que puede tener Maduro”.

Si bien los estudiantes piden la renuncia de Ortega, el experto considera que la verdadera oposición está en los grandes empresarios y la Iglesia. A ver si Ortega es tan bobo como para no aprovechar el puente que le tendió la OEA

Esta idea es compartida por el investigador Polo, quien ve posible la negociación aunque “lo que podría derivarse de ello, puede ser un cambio significativo para el país, específicamente de la renovación de una lógica de transformación política que no es exclusiva de la revolución del 79 sino que sería un movimiento de orden estudiantil, religioso”.

Y dentro de este proceso de negociación, identifica que en el caso de Ortega lo que está demostrando es que se encuentra “en una situación cada vez más de debilitamiento en temas de legitimidad”.

“Es un gobierno que cada vez apela más a la fuerza para el control de la población y por lo tanto estaría impulsado a obtener por cualquier medio el poder”, concluye Polo.

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Las cifras de la crisis
El 18 de abril de 2018 estalló una crisis en Nicaragua que dejó como saldo entre 325 y 561 muertos (en su mayoría civiles), cerca de 4.000 heridos, entre 340 y 767 detenidos, cientos de desaparecidos y miles en el exilio, según datos de organismos humanitarios.
El Gobierno calculó en más de 1.600 millones de dólares las pérdidas económicas y en casi 158.000 los empleos formales que desaparecieron, especialmente en los sectores de turismo y comercio, los más perjudicados.
El impacto económico a largo plazo ha sido devastador para los sandinistas y los empresarios, con un descenso estimado del 4% del PIB en 2018.
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Ángela Castro Ariza

Periodista de Vanguardia desde 1996. Egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Miembro del equipo de la página internacional. Editora nocturna.

@acastro72

acastro@vanguardia.com

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