domingo 04 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Informe especial: Venezolanos, de exilio en exilio

Sin Dios ni ley, miles de venezolanos vienen moviéndose por varios países de la región, afrontando condiciones de riesgo y vulneración de sus derechos.
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Cada día un promedio de 5.000 venezolanos emprenden el camino del exilio, unos 4 millones han abandonado su país en los últimos cuatro años, y a ese ritmo, se calcula que el número llegara a 5 millones para finales de 2019. Un millón y medio de venezolanos han convertido a la vecina Colombia en su hogar, y 460 mil solicitaron asilo en todo el mundo en 2018.

A la luz de estas cifras, los venezolanos protagonizan el éxodo más grande en la historia reciente de América Latina, lo que se constituye en una de las mayores crisis de desplazados en el mundo.

En consecuencia, literalmente, decenas de miles de venezolanos se han convertido en indocumentados a la fuerza debido al deterioro de las condiciones políticas, socioeconómicas y de derechos humanos en su país.

No en vano los venezolanos son hoy en día la segunda población desplazada fuera de su país más grande del mundo, solo superada por los 5,6 millones de refugiados sirios que huyen de la guerra, según ha advertido la Acnur.

Esta dramática realidad muestra que los países de la región, a donde están llegado oleadas de venezolanos no quieren asumir la carga de esa migración, y les están cerrando las puertas.

No solo han endurecido los controles fronterizos o de ingreso a sus territorios, tampoco les conceden permisos de residencia, y en otros casos, les exigen pasaportes o visa, como lo están haciendo Ecuador y Perú.

Y cada vez son más los gobiernos que los dejan a su suerte, lo que contribuye a que los migrantes venezolanos no sean bien acogidos, agudizando su condición de vulnerabilidad.

Pero al final de cuentas, todo el vecindario latinoamericano tiene que soportar los estragos del éxodo venezolano si sus gobiernos siguen mostrándose incapaces de trazar una hoja de ruta conjunta o una política humanitaria común para atender a esta población migrante.

Respecto al movimiento de los venezolanos por el continente, Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, indica que con base en un documento que entregó Acnur sobre el tema, llama la atención por ejemplo, que en la frontera entre Chile y Perú uno de los criterios que se ha utilizado es generar medidas administrativas que bloquean el flujo de la migración .

En ese orden de ideas, señala que muchos venezolanos no pueden ingresar por los puntos de ley, y lo hacen por otros lugares, por lo que terminan expuestos a las minas antipersonas que hay entre esos dos países, teniendo en cuenta que libraron una confrontación armada.

Igualmente plantea como el gran dilema que no se ha logrado coordinar una acción conjunta de los diferentes países, por motivos que son razonables.

Por ejemplo, cita que Ecuador, Perú y Chile tienen un viejo resquemor hacia Colombia porque cuando se dio la diáspora nacional, el país no se hizo cargo de sus connacionales.

“Obviamente Colombia que es el país más afectado con las medidas que esos países han tomado, ha tenido la dinámica de un embudo donde la mayoría de la migración venezolana se queda en Colombia y el paso hacia los otros países se vuelve complejo”, explica Rodríguez.

Observa además, que la dictadura de Nicolás Maduro no se va a resolver en el corto plazo, e incluso si saliera del poder, opina que el fenómeno migratorio por los comportamientos que tiene este tipo de movimientos humanos, no se va revertir rápidamente.

Tanto así que calcula que más del 80% de los venezolanos se van a quedar en los territorios a los que ya han llegado.

Acción de cada país

Para Juan Carlos Sierra, historiador y experto en Política Latinoamericana, la diferencia entre la acción de cada país se corresponde con las divisiones ideológicas que separan a uno y otro en lo que va de este siglo.

“Desde que empezó Hugo Chávez cada presidente se posiciona al respecto, y en el mismo periodo ha ocurrido una oleada de populismo de izquierda y otro de derechas en el que estamos inmersos”, según recuerda.

Incluso, considera que la situación no cambiará porque es muy bipolar la condición internacional de Venezuela, y están en juego intereses globales en los cuales incluso Colombia ha hecho numerosos actos de intrusión.

En cuanto a la posibilidad de que los migrantes venezolanos reciban el estatus de protección como refugiados, tal como lo han propuesto la ONU y la OEA, Sierra considera que no tiene una base económica y política para tal fin.

En esa línea, describe que “el costo de tal condición sería un problema fiscal inmediato, pues se trata de inmigrantes económicos tradicionales, y los perseguidos son una mínima proporción”.

El experto agrega que “si no hay cómo verificar y pagar lo que va a costar a futuro, la opción de refugiados no pasa de ser una consulta del Gobierno a la población a través de los medios, auspiciado por la OEA”.

En tal sentido, estima que sería raro optar por esa condición, en especial sin recursos y en un momento en el que los regímenes o gobiernos conservadores populistas, incluido Colombia, están presionando la migración en una orientación contraria.

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Crisis interna

Si bien reconoce que a los migrantes venezolanos se les otorgarían mayores garantías, y gozarían de más derechos con esta asignación de estatus de refugiados, Aaron Taus, profesor del Departamento de Ciencias Políticas Universidad Nacional con sede en Medellín, aclara que lo más importante a la larga es resolver la crisis económica y los problemas estructurales de ese país.

Asimismo, menciona que a partir de 2015 los países vecino y en general de la región, han adoptado ciertas medidas y acciones que han provocado la profundización de la crisis venezolana, relacionada con importación de medicinas y alimentos o de repuestos para la industria petrolera, que han agravado la situación interna.

“Es muy hipócrita cuando Colombia y Estados Unidos hablan de crisis humanitaria y migratoria venezolana, cuando han jugado un papel importante en la profundización de la misma”, dice Taus, refiriéndose por ejemplo a las sanciones de Washington al sector petrolero venezolano, o en el caso colombiano al fenómeno del contrabando especialmente de gasolina en la zona fronteriza.

Por ello, asegura que es fundamental contextualizar la crisis migratoria de Venezuela. Según él, es claro que hay que ayudar a la gente, pero las empresas colombianas se han aprovechado y eso aplica también para países como Perú y Ecuador, con la llegada de venezolanos en condiciones de desespero y pobreza, a quienes se les reducen los salarios.

“Eso estimula el desafecto por los venezolanos, que además en el caso colombiano deben enfrentar la realidad de que aquí no ha habido migraciones masivas y menos de mano de obra barata”, apunta Sierra.

De hecho, advierte que la estructura legal del país no tiene un mecanismo para enfrentar el problema, y la situación puede agravarse si se les asigna un estatus de refugiados, “pues implica beneficios que la población nacional no disfruta, y que pueden agudizar el resentimiento que ya se manifiesta en la región y en especial en Colombia”.

La gente ya vive en condiciones muy precarias en América Latina, pues tienen sus propios problemas internos. Aunque la crisis migratoria venezolana, “es un reto para la región, el mayor reto sin duda es tomar decisiones políticas para un cambio estructural del modelo económico”, insiste Taus.

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Impacto en la región
El país con las mayores reservas petroleras del mundo afronta una crisis humanitaria migratoria sin precedentes: El país que encabeza la lista de receptores de venezolanos, según la ONU, es Colombia (1.300.000), seguido de Perú (768.000), Chile (288.000) y Ecuador (263.000).
Cada día, unos 45.000 venezolanos que cruzan hacia Colombia. De ellos, 1.500 o 2.000 deciden quedarse, mientras otros 1.000 a 1.500 transitan hacia otros destinos.
En 2018, el Producto Interno Bruto de Venezuela se redujo 18%. El desempleo llegó a 35% el año pasado, y la inflación se calcula para este año en 10.000.000%.
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