jueves 16 de enero de 2020 - 11:15 AM

“Nuestra vida está aquí”: los que se resisten a la evacuación del volcán Taal de Filipinas

“La erupción de 1965 fue mucho mayor y sobrevivimos”, asegura Anacleto Vergara, un filipino de 62 años que vive Tanauan, frente al lago que alberga el volcán Taal, dentro del área de peligro que las autoridades han declarado de evacuación obligatoria.
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“No me voy porque mi vida, mi casa y mi sustento están aquí. Tengo que protegerlo”, cuenta Anacleto a EFE desde su humilde casa cubierta de una gruesa capa de ceniza pero con una vista privilegiada del volcán, que hoy escupía menos humo, pero mantiene su actividad interna y el riesgo de una erupción peligrosa de lava desde el pasado domingo.

El Taal, que ha entrado en erupción 33 veces desde 1572, causó unos 1.300 muertos en 1911 y 200 en 1965.

Anacleto, sin mascarilla ni camiseta que le proteja de los efluvios tóxicos del volcán, solo abandonará su casa si la alerta alcanza el nivel máximo -ahora está en el nivel 4 de 5-.

Su hijo y su esposa apoyan su decisión: “Tenemos que hacernos cargo de las gallinas y las cabras”, dice su hijo Nheil mientras cocina en la parrilla varias tilapias pescadas en el lago que lleva cuatro días absorbiendo azufre de la erupción.

“Dicen que el pescado de lago ahora es tóxico. Pero no me lo creo, sabe igual que siempre, es fake news”, asevera Anacleto, que también se dedicaba a la pesca en el lago.

Dispuestos a asumir el riesgo

Anacleto vive en el barrio de Maria Paz, a las afueras de Tanauan -a tan solo ocho kilómetros del volcán-, donde también resisten la orden de evacuación otros 30 vecinos para cuidar sus casas y animales.

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“Son conscientes del riesgo, pero están dispuestos a asumirlo porque no pueden arriesgarse a perder su medio de vida”, explica Apol Ramos, antiguo concejal del barrio que ha decidido quedarse para mediar con las autoridades y prestar su furgoneta para evacuar a los “desobedientes” si el Taal comienza a escupir lava a borbotones.

El Taal, el volcán activo más pequeño del mundo, entró en erupción el domingo al expulsar una densa columna de humo que alcanzó hasta diez kilómetros de alto y llegó a escupir fuentes de lava, por lo que las autoridades declararon la alerta 4 y obligaron la evacuación de todas las poblaciones en un radio de 14 kilómetros alrededor del volcán, como Tanauan o Talisay.

A la entrada de Talisay -al pie del lago que lleva al Taal- un control militar prohibía hoy el acceso a esa localidad a los habitantes que pretendían regresar por unas horas para comprobar que su casa seguía en pie o para rescatar a las mascotas que dejaron el domingo cuando salieron corriendo por la erupción.

Rescatar a los animales

“No me dejan entrar ahora a mi casa, pero quiero rescatar a mis mascotas”, contó Christian Joy de Ramos, preocupada porque su hermano accedió anoche, antes del cierre obligatorio, para llevarse a los animales y vigilar la casa ante los rumores de que había ladrones en la zona.

Christian, que se ha evacuado a casa de su tío en una provincia cercana con toda su familia, está todavía traumatizada por la experiencia del domingo: “Fue aterrador, no se me olvida el sonido de la ceniza cayendo como si fuera una tormenta y el fuerte olor a azufre”.

Talisay es una ciudad fantasma desde el domingo, cuando casi todos sus habitantes huyeron de la erupción del Taal, y sus calles, cubiertas de un denso manto de ceniza, han adoptado un aspecto de paisaje lunar donde no parece quedar vida, excepto algún perro callejero en busca de comida y agua.

Voluntarios de la fundación animalista “Guardians of the Fur” se acercaron hoy a Talisay para rescatar a las mascotas de las familias evacuadas y ocuparse de los animales abandonados a su suerte.

“Nos llevamos cinco perros, tres gatos y varias palomas. Y hemos alimentado a varios animales que probablemente no han comido en los últimos cuatro días”, contó Joanne Aclao, una de las voluntarias.

Más de 50.000 evacuados

La mayoría de los habitantes de Talisay se han refugiado en los centros de evacuación de la cercana ciudad de Santo Tomás, que cobija a unas 5.000 personas del total de 53.0000 evacuados acumulados en los cuatro días de erupción, según el último recuento del Consejo Nacional de Reducción de Riesgo de Desastres.

El gimnasio público de Santo Tomás albergaba hoy a 926 personas, diseminadas por la cancha de baloncesto en colchonetas como Yolanda, evacuada junto con una veintena de familiares, que escaparon todos juntos el domingo en cuanto estalló la erupción.

“Tengo miedo de lo que me pueda encontrar al llegar, temo que mi casa haya quedado destruida”, confesó Yolanda, preocupada por los frecuentes terremotos provocados por la erupción del Taal, más de 520 desde el domingo, 170 perceptibles.

“Era peligroso quedarse allí. Era la primera vez en mi vida que veía algo así”, apunta su vecino Patrick, de 32 años, evacuado en el mismo polideportivo junto a su hija, padres y hermanos “hasta que sea seguro volver a casa”.

Los que no podrán volver a sus hogares serán las 4.000 personas que vivían en las faldas del volcán, a pesar de riesgo, después de que el presidente filipino, Rodrigo Duterte, lo haya declarado inhabitable y haya prometido reubicarlos en un lugar más seguro.

Desde el Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología (Phivolcs) han advertido de que el volcán, aunque expulse menos ceniza, sigue activo, ya que hay magma subiendo hacia el cráter, además de haberse abierto nuevos cráteres, por lo que permanece el riesgo de una erupción inminente de lava.

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