La decisión de la UICN sobre el macaco de cola larga ha puesto en evidencia un dilema global: cómo equilibrar el avance de la ciencia con la protección de una especie clave para los ecosistemas y la investigación biomédica.

Publicado por: Redacción Vanguardia
La reciente decisión de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) de confirmar la condición de especie en peligro de extinción para el macaco de cola larga (Macaca fascicularis) ha reavivado un choque intenso entre la comunidad científica, la industria biomédica y los defensores de los derechos animales.
Mientras los laboratorios insisten en que estos primates son imprescindibles para la investigación médica, grupos conservacionistas alertan que la captura indiscriminada y el tráfico ilegal están empujando a la especie al borde del colapso.
Según informes de organizaciones como World Animal Protection, cada año se exportan más de 30.000 macacos hacia EE. UU. principalmente para pruebas biomédicas. Esto ocurrió, en parte, porque los centros de investigación comenzaron a reemplazar a los macacos rhesus (Macaca mulatta) por esta especie, dada su gran similitud genética con los humanos.
Con este cambio, las poblaciones silvestres sufrieron una caída estimada del 40 % en las últimas décadas. En 2022, la UICN elevó su estatus a especie en peligro, citando amenazas como la pérdida de hábitat, la caza y la presión comercial. Lea también: Extraño asteroide alerta a la Nasa: activan defensa planetaria por posible amenaza espacial
Sin embargo, el valor comercial de cada ejemplar puede alcanzar cifras impactantes: hasta 60.000 dólares en el mercado de investigación. Aun cuando muchos animales se declaran como “criados en cautiverio”, investigaciones con respaldo judicial han hallado que un porcentaje significativo proviene de capturas ilegales. En EE. UU., entre 2018 y 2022, se detectaron más de 2.600 macacos silvestres ingresando al país mediante permisos falsificados.
Uno de los casos más sonados involucra a Camboya, donde funcionarios fueron imputados por su participación en redes de contrabando que mezclaban ejemplares silvestres con cosechados de granjas, reutilizando documentos de exportación fraudulentos.
El riesgo sanitario detrás del uso de macacos en laboratorios
El uso masivo de estos primates no solo pone en peligro su supervivencia, sino que puede desencadenar crisis de salud pública. Se ha documentado la transmisión de enfermedades como tuberculosis, ébola o el virus herpes B dentro de instalaciones de cría y laboratorios de Europa y Estados Unidos. Estos brotes han generado alertas sobre los peligros de transportar animales, someterlos a estrés y agruparlos en condiciones precarias. Algunas de estas transmisiones han sido reconocidas por medios europeas como casos reales de tuberculosis en centros de investigación.
El National Association for Biomedical Research (NABR) fue uno de los primeros en cuestionar la decisión de la UICN de mantener al macaco de cola larga como especie en peligro. En un comunicado, calificaron la medida como “errónea” y argumentaron que obstaculizará investigaciones vitales: vacunas, nuevos tratamientos y fármacos. Según ellos, esta especie no está en riesgo real y en algunos países es incluso considerada invasora.
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En octubre de 2025, la UICN ratificó la condición de especie en peligro del macaco de cola larga, luego de rechazar una petición de la industria biomédica para revertir esa clasificación. Su decisión se basó en datos científicos que muestran una caída poblacional entre 50 y 70 % en tres generaciones (unos 30 años) y la persistencia de múltiples amenazas en el entorno natural.
Según los investigadores del área, si no se implementan medidas urgentes, como detener la extracción ilegal, mejorar la protección de hábitats y regular estrictamente el comercio internacional, las poblaciones podrían seguir declinando al mismo ritmo









