domingo 03 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Paz nuclear

La escalada bélica que enfrentan a La India y Pakistán y que los tendría al borde de una guerra, tiene al mundo en alerta máxima, especialmente por el hecho de que ambos países disponen de armas nucleares.

India y Pakistán han escrito una historia de enemistad forjada a lo largo de 70 años, y escenificada en Cachemira, una región que se disputan estos dos países a la sombra de la amenaza nuclear.

El reciente ataque con carro bomba en la Cachemira india en tres décadas de rebelión armada, cobrando la vida de al menos 42 policías y del que Islamabad negó cualquier implicación y cuya reacción india fue bombardeos a blancos en suelo paquistaní, volvió a poner en el foco de la atención mundial un conflicto que ha enquistado un desacuerdo territorial de vieja data.

El escalamiento de esta disputa en el sur de Asia vuelve a inquietar a la comunidad internacional que teme una confrontación abierta, y lo que podría pasar si estalla una guerra entre estas potencias nucleares.

Las tres guerras, dos de ellas por el control de Cachemira, un área de 22 mil 236 kilómetros de extensión y poblada por una mayoría de musulmanes y dividida entre ambos países desde la independencia de Gran Bretaña en 1947, son recordatorio constante de una tensión que ahora parece estar al rojo vivo.

José Ángel Hernández, doctor en Historia Contemporánea, recuerda que las tensiones arrancan desde la época en la que los dos países eran colonias británicas de dos comunidades, musulmana e hindú, y donde Cachemira se convierte en el centro del conflicto.

Además de que es uno de los lugares más militarizados del mundo, Cachemira se ha convertido en el cruce de paso que une Asia Central con el subcontinente indio y, por ende, una región donde confluyen etnias, religiones y lenguas. Fue hindú, budista y desde el siglo XIV, musulmana.

Cuestionados apoyos

Hernández explica en ese sentido que Pakistán siempre ha apoyado las guerrillas independentistas de Cachemira en contra de La India, “de tal manera que los hindúes siempre han estado alerta y muy preocupados por ese respaldo” que Islamabad le proporciona a los musulmanes que viven en territorio indio.

Tras el fin de la ‘Guerra Fría’, donde Estados Unidos tomó partido hacia Pakistán y Rusia hizo lo mismo con La India, el experto reconoce que el polvorín sigue presente, sobre todo porque ambas naciones poseen armas nucleares, lo cual hace que la comunidad internacional esté muy atenta a lo que ocurre allí.

“La comunidad internacional sabe que a ninguno de los dos países les interesa mantener un conflicto de este tipo, especialmente por ser India un país emergente y Pakistán por estar apoyado militar y económicamente por Estados Unidos, si bien ha venido reduciendo este apoyo por su acercamiento al islamismo radical”, explica el experto.

Lo más probable, anota, es que se llegará a un acuerdo para bajarle la intensidad al asunto, y lo más seguro es que La India le pida a Pakistán que deje de apoyar a los terroristas musulmanes que actúan en suelo indio.

Pero Carlos Andrés Pérez, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de La Salle, es consciente de que el problema no se ha resulto por varias razones, entre ellas de carácter religioso y étnico.

Igualmente se refiere a que es uno de los conflictos más largos de la historia, y de los sangrientos, advirtiendo que se ha agudizado precisamente debido a la carrera armamentista que esos países han desarrollado en las últimas décadas.

La India y Pakistán son dos de las nueve naciones (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, Israel y Corea del Norte) que poseen armamento nuclear y que además, están en igualdad de condiciones.

India tiene entre 130 y 140 ojivas nucleares mientras que Pakistán entre 140 y 150, de acuerdo con datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri, por sus siglas en inglés).

A Pérez le llama particularmente la atención que sean países que invierten en poderío nuclear y avances científicos en esa materia, a pesar de la grave situación de pobreza y superpoblación que existe en la zona, aspectos que, según él, también preocupan a la comunidad internacional.

Poderío nuclear

Mientras La India tiene una población que supera los 1.200 millones de personas y uno de los ejércitos más numerosos del mundo, compuesto por unos 4 millones 200 mil soldados; Pakistán cuenta con aproximadamente 204 millones de habitantes y cerca de 919 mil efectivos en sus filas.

Así pues, el uso de armas nucleares supone una amenaza real cuyas “consecuencias serían devastadoras, lo que cambiaría el curso de la humanidad”, y puede ser eventualmente posible, toda vez que se está reactivando un conflicto que se pensaba muerto, aunque se ha venido manejando a punta de diplomacia, indica Pérez.

Otra situación que afecta este conflicto tiene que ver con que se inmiscuyan otras potencias, que si bien históricamente han estado presentes, se corre el riesgo de que se agraven, precisamente por las tensiones que suceden hoy en día a nivel internacional, alerta el docente universitario.

Es más, observa que China podría jugar un papel determinante, porque se encuentra en la región y puede ser impactado para bien o para mal por las tensiones en esta parte de Asia.

Sin embargo, su lectura es que China se encuentra en una posición en la que no quiere tomar partido en la confrontación, precisamente por las medidas económicas de Estados Unidos en su contra, lo que le ha obligado a buscar un aliado estratégico.

Lea además: ¿La guerra fría 2.0?

A su turno, Alejandro Alvarado, profesor universitario y analista internacional, considera que lo que se ha buscado es un tratado de paz entre ambos países que permita definir quién va a controlar la zona de Cachemira, cosa muy parecida a lo que pasa con el Tíbet.

Pero señala que de nada han servido los intentos en su momento del expresidente Pervez Musharraf de llevar una agenda de paz, ya que ha faltado fuerza para poder sacarlos adelante.

Por ello, Alvarado opina que lo importante es recuperar la confianza, aunque después de este momento tras la muerte de los soldados indios, todo indica que el argumento militarista se ha recrudecido, justificando el uso de la fuerza, lo que podría llevar este conflicto a un punto de no retorno.

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