Rodolfo Hernández, el “Trump colombiano”, el candidato antipolítico quien comenzó su vida como ingeniero civil nombrado en un cargo público en los años setenta.
La primera vez, que oí hablar de Rodolfo Hernández fue a comienzos de los años noventa cuando se decía que el apoyo del ya exitoso empresario de la construcción, era indispensable para cualquier político que quisiera ser alcalde de Piedecuesta, su ciudad natal.
Ese recuerdo volvió a martillar en mi cabeza cuando lo conocí personalmente más de una década después. Por entonces se pavoneaba como Pedro por su casa, por la alcaldía del municipio garrotero. No era un constructor más, era Rodolfo. En una de sus visitas a la secretaria de Planeación me contó con su particular desparpajo y aire cosmopolita, la impresionante regeneración urbana que, según él, había vivido la ciudad de Guayaquil con el privatizador proyecto Malecón 2000, desarrollado por la primera alcaldía de Jaime Nebot. “Esa fue una zona de burdeles de mala muerte que cambió totalmente”.
Años después, cuando irrumpió en la política del departamento como aspirante a la alcaldía de Bucaramanga con un discurso antipolítico y una llamativa propuesta alrededor de la lógica, la ética y la estética, el carismático empresario no tuvo rival frente a una clase política totalmente desacreditada. Fue pelea de toche con guayaba madura.
Su gestión como alcalde combinó un discurso de austeridad y transparencia en la contratación pública con agresiones a sus contradictores y hacia algunas minorías como las mujeres migrantes. Precisamente, fueron los insultos y la bofetada a un concejal el hecho que lo catapultó al escenario nacional.
El “Trump colombiano”, el candidato antipolítico quien comenzó su vida como ingeniero civil nombrado en un cargo público en los años setenta, ganando seis mil pesos, el mismo sueldo de gobernador de Santander, se conectó de inmediato con ese país machista al que le gusta el político que habla duro y que cree que la complejidad de las decisiones públicas es un asunto de “amarrarse los calzones”.
Estuvo a punto a ser presidente con su discurso simplificador de la lucha contra la corrupción y un novedoso manejo de redes sociales apoyado en los estrategas Ángel Beccassino y en el español Víctor López ex asesor de Bukele.
Es difícil creer que Rodolfo Hernández el santandereano que más cerca ha estado de la presidencia de la Republica con un discurso anti Estado empaquetado en frases provocadoras y videos de TikTok, haya entregado la presidencia a Petro en la recta final de la campaña; como muchos afirman.
Tan increíble como que el ingeniero que prometía “quitarle la chequera a los ladrones del gobierno”, en el ocaso de su meteórica y fugaz carrera política, terminara condenado por interés indebido en la celebración de contratos. “Relocos, papi relocos”.











