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Columnistas
Domingo 18 de mayo de 2025 - 12:15 AM

¡Acá no está pasando nada!

Estamos hipotecando el desarrollo urbano por una política inestable, frágil y profundamente desconectada del interés colectivo.

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Mientras las grandes ciudades del mundo se reinventan con tecnología, gobernanza inteligente y liderazgo técnico, en el Área Metropolitana de Bucaramanga seguimos atrapados en una vieja trampa: la inestabilidad política. Hoy, los alcaldes de Bucaramanga, Girón y Piedecuesta enfrentan serios procesos judiciales por presunta doble militancia. Más allá de los tecnicismos legales, el mensaje es claro: estamos hipotecando el desarrollo urbano por una política inestable, frágil y profundamente desconectada del interés colectivo.

Según el Banco Mundial, la competitividad urbana y la gobernanza están intrínsecamente ligadas. Una ciudad no compite solamente por atraer empresas; compite por talento, por innovación, por recursos nacionales e internacionales. Y para eso necesita instituciones sólidas, visión estratégica y continuidad administrativa. Todo lo que la inestabilidad política destruye.

En un análisis sobre 223 ciudades chinas, se identificó que los elementos claves que explican la competitividad urbana son: buena infraestructura, capital humano calificado, capacidad de innovación y, sobre todo, gobernanza efectiva. En cambio, ciudades con administraciones volátiles, gobiernos débiles o conflictos políticos constantes terminan perdiendo atractivo y reduciendo su calidad de vida.

Otro estudio, más reciente, desarrollado por Rong Hu (2023), para medir la competitividad urbana en el contexto de economías en red. ¿Su conclusión? La política es uno de los factores determinantes. Las ciudades con entornos políticos estables presentan mejores índices de desarrollo económico, cohesión social y sostenibilidad. Las variables evaluadas incluyen finanzas públicas, educación, normatividad, seguridad y políticas públicas consistentes.

Ahora bien, ¿cómo se traduce todo esto al contexto local? Mientras los tribunales deciden si anulan o no la elección de los mandatarios metropolitanos, proyectos de integración regional y estratégicos, movilidad sostenible, gestión del suelo y seguridad urbana quedan en pausa. La institucionalidad entra en modo defensivo. Nadie decide, nadie arriesga. Y los ciudadanos, por supuesto, pagan el precio de un limbo institucional que los condena al atraso.

La competitividad urbana no es solo una palabra de moda. Es la diferencia entre ciudades que avanzan y ciudades que se estancan. Y en ese camino, la inestabilidad política es un freno poderoso. Las ciudades más competitivas suelen compartir un rasgo en común: modelos de gobernanza predecibles, transparentes y estables. El Área Metropolitana de Bucaramanga, en cambio, está a punto de perder tres alcaldías al mismo tiempo. ¿Qué mensaje estamos enviando al país y al mundo?

No se trata de un problema jurídico, sino de un síntoma estructural: la política local ha perdido su anclaje ético y estratégico. Mientras sigamos gobernando a punta de cálculos personales, alianzas oportunistas y candidaturas camufladas, tendremos ciudades paralizadas. Debe ser por eso que la frase más constante y repetitiva en el área metropolitana es: “acá no está pasando nada”.

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