En 2012, las Naciones Unidas (ONU) establecieron el 21 de marzo como el Día Internacional de los Bosques. “Los bosques sustentan los medios de subsistencia, generan empleo, reducen la pobreza y fortalecen los sistemas alimentarios de miles de millones de personas en el mundo”. Para muchas comunidades, “estos constituyen una fuente primordial de ingresos, nutrición, energía y resiliencia, especialmente en tiempos de crisis económica o ambiental”. “Proporcionan servicios ecosistémicos esenciales, como la regulación climática, la seguridad hídrica, la protección del suelo y la reducción del riesgo de desastres, que impulsan la productividad agrícola, la energía, la industria y los sistemas urbanos”, lo que permite “sostener el crecimiento económico y salvaguardar el capital natural para las generaciones presentes y futuras”.
Sin embargo, a pesar de su fundamental importancia para el desarrollo sostenible, los bosques siguen “estando ampliamente infravalorados en la toma de decisiones económicas y desfinanciados. Los niveles actuales de inversión distan mucho de lo necesario para detener la deforestación y la degradación forestal y para aprovechar todo el potencial de los bosques para el desarrollo sostenible”. La ONU alerta que “la deforestación prosigue a un ritmo alarmante en el mundo”.
La ONU advierte: “Pese a años de compromisos internacionales, el mundo sigue lejos de detener y revertir la deforestación para 2030. Sudamérica perdió más bosques que cualquier otra región del mundo entre 2015 y 2025. La pérdida incluye más de diez millones de hectáreas de bosques primarios: ecosistemas antiguos, densos y difíciles de reemplazar, esenciales para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la regulación del clima”. “La cifra de más de 40 millones de hectáreas corresponde a una pérdida neta mundial, es decir, al balance entre regiones que perdieron bosques y otras donde la superficie forestal aumentó. Entre 2015 y 2025, Sudamérica perdió en promedio 4,10 millones de hectáreas al año y África 2,96 millones, mientras que Asia ganó 1,62 millones, Europa 1,43 millones y Oceanía 140.000 hectáreas”.
No sorprende que el candidato presidencial Abelardo de la Espriella no tenga ninguna propuesta seria para enfrentar los gravísimos problemas asociados a la deforestación, la reducción de la biodiversidad y la crisis climática, que genera olas de calor, inundaciones y otros daños. Además de la contaminación de aguas, aire y alimentos, que ocasiona muchas enfermedades y otros problemas relacionados. Y no se trata de “discursos baratos de ambientalistas extremos”, sino de estudios realizados por fuentes científicas e institucionales acreditadas. Son varias las organizaciones y los científicos que critican fuertemente los riesgos ecológicos de sus propuestas de gobierno, que agravarían los catastróficos efectos que ya padecen Colombia y el mundo. Alguien señalaba que Abelardo parece la versión colombiana del desequilibrado presidente Donald Trump, que tantos problemas ha agravado en Estados Unidos y el mundo.












