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Miércoles 03 de junio de 2026 - 01:00 AM

¿Qué nos están diciendo las urnas?

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Los resultados electorales del pasado domingo en Santander dejaron una señal que merece ser analizada. Una vez más, Barrancabermeja y Puerto Wilches respaldaron mayoritariamente una opción política que ha sido crítica de la industria petrolera y de los modelos tradicionales de desarrollo asociados a los hidrocarburos.

Estamos hablando de dos territorios cuya historia, economía y dinámica social han estado profundamente ligadas al petróleo. Barrancabermeja nació y creció alrededor de esta industria. Puerto Wilches ha encontrado en ella una de sus principales apuestas de desarrollo, tanto en la producción tradicional como en las oportunidades asociadas a los yacimientos no convencionales.

Miles de familias han construido sus proyectos de vida gracias a esta actividad. Buena parte de la infraestructura, el comercio y el tejido empresarial de la región se desarrollaron alrededor del petróleo.

Entonces, ¿cómo explicar que precisamente en estos municipios tengan tanta acogida los discursos que cuestionan el futuro de la industria?

Tal vez la respuesta no está en el petróleo. Tal vez el mensaje que están enviando los ciudadanos tiene más que ver con expectativas no resueltas, con brechas que persisten y con la sensación de que, a pesar de décadas de actividad económica, muchos de los problemas cotidianos siguen ahí.

Y ahí surge una pregunta que considero relevante: ¿qué nos ha faltado para que la ciudadanía perciba de manera clara los beneficios que genera la actividad económica que sostiene gran parte de la región?

Porque si una región profundamente petrolera vota de manera reiterada por proyectos políticos que cuestionan esa actividad, quizá el debate no debería centrarse únicamente en las ideologías. Tal vez también deberíamos preguntarnos qué tan conectados han estado los sectores productivos, los liderazgos públicos y las instituciones con las necesidades, expectativas y aspiraciones de la población.

No se trata de defender una corriente política ni de cuestionar la decisión de los votantes, sino de entender el mensaje. Al parecer, el crecimiento económico que esta industria genera no está siendo percibido como cercano ni como una oportunidad real para la mayoría de los ciudadanos, y es ahí donde está el verdadero reto.

Por eso creo que este resultado electoral nos invita a reflexionar sobre qué estamos haciendo para generar más oportunidades, cerrar brechas y construir territorios donde el progreso no sea una cifra o un discurso, sino una realidad que las personas puedan sentir en su día a día. Y qué importante sería que ese propósito pudiera ser apalancado por una industria que tanto le ha aportado a la región.

Sin duda, el futuro de nuestra región seguirá dependiendo, en gran medida, de nuestra capacidad para liderar, trabajar juntos y convertir el enorme potencial que tenemos en bienestar tangible para nuestra gente.

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