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Columnistas
Jueves 30 de julio de 2026 - 01:00 AM

La diplomacia del tigre

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El tigre tiene fama de ser un animal solitario, y las primeras pinceladas de lo que será la política exterior del nuevo gobierno parecen llevar al país por el camino del aislamiento internacional.

No se trata solo de la designación de un canciller cuyo activismo de extrema derecha probablemente nos alejará de la ONU en la misma medida en que estrechará lazos con el régimen genocida de Israel. También llaman la atención, aunque no sorprenden del todo, anuncios como el cierre de 14 embajadas y 15 consulados, entre ellos la embajada en Haití.

En esta decisión hay un tufo de racismo estructural y una preocupante falta de visión estratégica. Las representaciones diplomáticas de cualquier país en el exterior son instrumentos de proyección de poder político, económico y cultural, además de permitir la protección de sus ciudadanos fuera de sus fronteras. Esto es particularmente importante en el caso de Colombia, que tiene una diáspora de varios millones de connacionales repartidos por el mundo.

Este tipo de decisiones aíslan al país en un momento en que la incertidumbre geopolítica y el comportamiento impredecible de Estados Unidos aconsejan diversificar las relaciones internacionales, como lo están haciendo Canadá, Brasil y la Unión Europea.

Se trata, en consecuencia, de un error estratégico. No parece sensato cerrar la embajada en Nicaragua, con el que mantenemos un diferendo marítimo, ni clausurar la misión diplomática en Sudáfrica, una de las tres mayores economías de África, miembro fundador de los BRICS, un país con múltiples posibilidades en los ámbitos comercial, educativo y cultural y una de las principales voces del Sur Global. También constituye un error monumental cerrar nuestra representación diplomática en Etiopía, epicentro de la política africana, pues allí tiene su sede la Unión Africana, integrada por 55 Estados.

Y ni qué decir del cierre de la embajada en Haití, una decisión equivocada no solo por razones “patrióticas”, considerando el invaluable apoyo de esa nación a nuestra independencia, sino también por motivos geopolíticos. Colombia, por su posición central en el mar Caribe, está llamada a ejercer influencia directa e indirecta en la región.

Las primeras señales de la política exterior del nuevo gobierno insinúan un regreso al alineamiento estilo Milhouse, el personaje de Los Simpson, frente a Estados Unidos, así como un aislamiento que limita las posibilidades de diversificación política y económica, hoy más necesarias que nunca ante el declive relativo de Occidente y el surgimiento de nuevos polos de poder.

Ojalá la posición furiosamente antichina del canciller no pase de la retórica en redes sociales, porque estamos hablando del segundo socio comercial del país, de la principal fuente de nuestras importaciones y de una gran oportunidad para impulsar el desarrollo nacional en materia de infraestructura, energías renovables y tecnología, en el marco de la Nueva Ruta de la Seda, que está cambiando el mundo.

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