Sin duda, el mejor día de mi vida fue ese; el día que aprendí a leer y a escribir. Como una revelación descubrí que había valido la pena nacer y que las siguientes luchas iban a estar cifradas por el enorme placer de las ideas. Es decir, la mano arriba para opinar y defender unas convicciones, sin medir sus consecuencias. La lectura me llevó a la Biblia y a una militancia política que solo tendrá fin con la muerte misma. La escritura ha sido la compañía cómplice para compartir eso que, al final, resulta de leer y leer.
Inevitablemente, leer y escribir, defender, pensar, no callar son sitios comunes, hijos de una milenaria cruzada, de la cual no se han escapado ni sirios ni troyanos, ni el gran Héctor y menos Cleopatra: el poder.
En estas tierras de la revolución, la misma que parió a José Antonio Galán, Antonia Santos, Manuela Beltrán y Luis Carlos Galán, nació Alejandro Ordóñez Maldonado. Resulta curioso, pero todos sus antecesores tienen una impronta: la defensa hasta la muerte de unas ideas.

El señor presidente de la República, Abelardo de la Espriella, en comunión con esos postulados, ha nombrado, enhorabuena, mediante el Decreto 1365 del 4 de septiembre de 2026, al doctor Alejandro Ordóñez Maldonado, nacido en Bucaramanga, como embajador extraordinario y plenipotenciario ante la Organización de los Estados Americanos – OEA. Con firma del ministro de Relaciones Exteriores, Omar Bula.
Al margen de comulgar o no con sus ya conocidas y públicas defensas de unas convicciones, bien desde el aula de clase como alumno o profesor, desde su experiencia como exconcejal de Bucaramanga, exmagistrado del Consejo de Estado, exprocurador de la Nación y exembajador ante la OEA, ni sus más férreos contradictores podrán tildarlo de una hoja seca, presa del viento. El respeto en el escenario público obedece precisamente a lo contrario; su altura no es solo física, también lo es en el foro, en el ágora, en el coliseo romano.
Estimado lector: en este oficio responsable de la lucha política, de la defensa de unas convicciones, de unas ideas, existen ejemplos que han de ayudar a consolidar una democracia más fuerte, lejos de las componendas y las conveniencias personales. El liderazgo es amigo de la dignidad, es cercano al derecho de opinar. Nuestro deber es actuar de conformidad, que no es otra cosa más que ser parte de una comunidad activa en el oficio de leer y escribir.

Nota: Señor alcalde de Bucaramanga, señora directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo: no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.










