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Martes 15 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Fracking Social. El arte de la contrapalabra

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El poder no necesita erradicar nuestros cuerpos si logra convencernos de habitar el idioma del despojo, los olvidos y los silencios. Nos han enseñado a temerle al decreto expropiatorio y a los cambios súbitos, pero bajamos la guardia ante agresiones más sutiles que erosionan los significados institucionales hasta dejar el caparazón de la palabra y el derecho hueco por dentro.

Frente a esa demolición silenciosa, la respuesta ciudadana exige levantar una trinchera semántica fundamentada en el iusléxico, la linguaequidad, la lexiprotección y la discursopreservación. Nombrar con rigor no es un capricho académico, sino el dique que impide que la infancia, el enfoque diferencial, los labriegos y la disidencia se desvanezcan de la política pública. Decir la palabra justa es encender una linterna en el apagón normativo.

Pero la defensa de los vocablos protectores nunca es tarea de solitarios; exige el contagio de la tribu. Las comunidades no se unen por leyes complicadas, sino por la empatía de saber que cuando le quitan un derecho a los demás, tarde o temprano nos quedamos todos a la intemperie. Cuando los gobernantes borran de sus palabras y de sus cuentas a las veedurías, a los pueblos indígenas o a las mujeres del campo, rompen la promesa de cuidarnos entre todos. Defender al vecino no es un favor; es la única forma de asegurar que nuestra propia vida y nuestros derechos sigan teniendo techo. Defender los derechos ajenos es el seguro de vida de los derechos propios, y no un simple acto de caridad.

Hay que pasar de la preocupación a la acción fundando espacios de diálogo en las aulas, las Juntas de Acción Comunal y las mesas de veeduría. Desobedecer el silencio burocrático exige construir laboratorios de resistencia cotidiana para traducir la ley en favor de la gente. La democracia no vive en los archivos ministeriales, sino en la voz de quienes se niegan a empobrecer el idioma de los derechos.

Tras la crónica de la extinción silenciosa, el vocabulario del olvido y la muralla de la exclusión, queda claro que el fracking social no puede decidir por nosotros.

El archivo de la dignidad no se cambia por estadísticas simplificadas. Frente al Fracking Social que fractura las garantías constitucionales a punta de omisiones, silencios y borrones, solo queda la alianza inquebrantable de los que sabemos que la única muralla verdaderamente impenetrable es la que levantamos hombro con hombro. Nombrar, escuchar y reconocer para defender la democracia. Frente a los silencios en la penumbra, frente al estruendo de los granos de arena que se acumulan, queda la palabra pronunciada a plena luz del día.

Campesino, campesino; mujer, mujer rural, mujer urbana, campesina; niña, niña; pueblo autónomo, veeduría viva, pueblo vivo, derecho y memoria.

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