Trabajar como funcionario público nunca será fácil. Desde el momento mismo en que se asume el cargo hay que ser consciente de que se responde por acción o por omisión en el ejercicio de las funciones. En Santander abundan los ejemplos, y uno de ellos es el de Pedro Belén Carrillo, exdirector del Instituto de Deportes de Santander, señalado en el escándalo de las raquetas que fue objeto de un intenso debate en la Asamblea Departamental y de múltiples investigaciones periodísticas, empezando por la que adelantó esta misma casa editorial.
Buena parte de lo que allí se dijo tiene razón de ser. Pero una cosa es lo que sorprende a los ciudadanos y otra muy distinta lo que en el derecho y la legalidad realmente trasciende. Sorprendió que se contratara a una empresa más vinculada al Chocó que a Santander; sin embargo, si usted es de Pasto, la ley le permite contratar en Riohacha. Sorprendió también que una raqueta de tenis costara casi cuatro millones de pesos cuando en una página de internet aparece por un millón doscientos mil.
Pero al profundizar en la adaptación de esa raqueta al brazo del deportista, y en el ajuste del encordado a la fuerza de su pegada y la velocidad de su carrera, la tecnología entra en juego y los precios pueden alcanzar hasta los doce millones por unidad, como lo sustentan los estudios en ciencia aplicada al deporte.
Pero nada de esto escaló en el debate político, y hoy Pedro Belén Carrillo afronta una lucha jurídica para demostrar si sus actuaciones fueron correctas o se salieron del marco de la ley. Serán las autoridades las que tomen la decisión que corresponda, pero en medio de tanta recriminación, vale la pena que se conozca un hecho: el dinero de esas raquetas nunca se pagó. Y no por las denuncias, sino porque no se cumplieron las especificaciones técnicas pactadas en el contrato, que buscaron desde un principio, la verdadera profesionalización de los deportistas. Es por eso que trabajar en el sector público siempre será una actividad riesgosa.











