Estos cuatro jinetes no cabalgan solos. El populismo y la polarización les abren camino: manipulan emociones, dividen la sociedad. Usan redes sociales como látigos digitales. Convocan masas con promesas imposibles. Deslegitiman todo lo que les contradice.

En junio de 1.990, un grupo de estudiantes universitarios - UIS - UCC - UNAB - USTA- abordamos un bus rumbo a Bogotá; jóvenes enamorados de un discurso renovador, que prometía construir un nuevo país, redactando una nueva constitución. Era la primera Asamblea Pro-Asamblea Nacional constituyente.
Alguien, en el viaje, se puso de pie y hablo sin reparo alguno sobre una generación política de manos limpias que sería inevitablemente, hija del emergente ordenamiento constitucional.
Esa hija jamás nació. Alguien fue infiel, alguien tomó la pastilla del día después, alguien simulo un encuentro íntimo; un espermatozoide con pasamontaña, tal vez, tomo el desecho, el camino fácil, y otra generación vio la luz del día.
Les hablo de la generación de los nuevos jinetes del apocalipsis, que ya no son el hambre, la guerra, la peste y la muerte. Ahora son: LA SUBVERSIÓN, con Griselda la viuda de Tirofijo, que, después de 40 años alzada en armas, posa de senadora y pronuncia en un discurso en la ciudad de Bucaramanga, la célebre frase: “Estoy indignada…”; EL PARAMILITARISMO y la metamorfosis de Mancuso en Pilatos, jinete de los estrados judiciales y su enigmático testimonio: “yo acuso…”; los POLÍTICOS CORRUPTOS - hay honestos -, que sin ambages visten a Benedetti de vicepresidente y gritan con él, en el Senado: “ fraude, fraude,…” el burro hablando de orejas.
El cuarto jinete es trasversal: EL NARCOTRÁFICO, el rey de reyes que quita y pone, el combustible natural de toda esta tragedia. El mismo que resucita a Lázaro- perdón, a Lehder- después de más de 33 años, en una captura mediática: el lanzamiento de un libro, una bandeja paisa, la foto en la destruida posada alemana, y una frase al recuperar su patética libertad “viva Colombia…”.
Estos cuatro jinetes no cabalgan solos. El populismo y la polarización les abren camino: manipulan emociones, dividen la sociedad. Usan redes sociales como látigos digitales.
Convocan masas con promesas imposibles. Deslegitiman todo lo que les contradice. Frente a ellos, la represión es un pañito de agua tibia. Se necesita una estrategia civilizatoria:
Educación crítica, no adoctrinada. Ciudadanos formados. Lectura como antídoto contra la ignorancia viral, Instituciones fuertes, que no tiemblen.
La batalla por el futuro de Colombia se libra en las aulas, en los libros y en las casas. En la conciencia de cada ciudadano que decide no ser cómplice pasivo. Si estos son los jinetes del apocalipsis, ¿Dónde están los nuevos escuderos? ¿Dónde están los maestros que no venden su silencio? ¿Los periodistas que no negocian con la pauta? ¿Los jóvenes que no se rinden al meme ni al soborno?
La pregunta queda flotando. La historia, estimado lector, aún no ha terminado de escribirse.












