No hablar del genocidio en Palestina es una postura política como lo ha señalado Francesca Albanese relatora especial de la ONU. Es como no hablar de los “falsos positivos” durante el gobierno Uribe.
Por eso es coherente la postura del gobierno colombiano en su denuncia desde noviembre de 2023 al menos, de los crímenes contra la humanidad que ha venido cometiendo Israel contra los palestinos y que no comenzaron tras los ataques terroristas de Hamás en octubre de ese año.
Si miramos bien, tales crímenes han sido sistemáticos y anteriores a la creación de este movimiento islámico en 1987; basta revisar, por ejemplo, quienes fueron los autores de la Nakba (catástrofe) palestina de 1948 o la responsabilidad indirecta del ejército israelí en las masacres de Sabra y Chatila de 1982, contra refugiados palestinos, verificada por la Comisión Kahan.
Hay que decir que Israel es un Estado genocida y agresor de sus vecinos, pero lo más importante, hay que detener estos crímenes para que se respete el derecho internacional y en particular la Convención contra el Genocidio adoptada paradójicamente, ante las atrocidades del Holocausto. Hay que parar los planes del gobierno extremista de Netanyahu como el de confinar a los palestinos en las ruinas de Rafah porque su perversidad es comparable al gueto de Varsovia.
En un contexto internacional marcado por el apoyo de Trump y la complicidad de la “civilizada” Unión Europea frente a las violaciones de los derechos humanos en Gaza, es un hecho trascendental la Cumbre ministerial del Grupo de La Haya con más de 30 Estados, liderados por Sudáfrica, encaminada a impulsar acciones concretas en el plano bilateral y multilateral a través fundamentalmente de la ONU, como enviar tropas de paz a Gaza para parar esta tragedia que ha matado a casi 60.000 personas desde octubre de 2023 y que el propio ex primer ministro israelí Ehud Olmert ha calificado como crímenes de guerra.
Con la Cumbre de Bogotá el actual gobierno de Colombia rompe el enanismo autoimpuesto de nuestra alineada política exterior, materializando el objetivo del actual Plan Nacional de Desarrollo, porque a un país que quiere ser referente mundial de la protección de la vida le debe doler igual, el asesinato de hombres, mujeres y niños inocentes en el Catatumbo o en Rafah.












