Una vez un granjero en Oriente escuchó historias sobre cómo obtener una gran fortuna gracias al descubrimiento de minas de diamantes. Con esta ilusión, el granjero vendió su finca, dejó a su familia y se dio a la búsqueda de diamantes. Recorrió diferentes partes del mundo y no los encontró. Finalmente, terminó en Europa, pobre, solo y en desgracia, lo que lo llevó al suicidio. Mientras tanto, el granjero al que le vendió su finca, vio que en uno de sus ríos brotaba una piedra oscura en la que brillaba un punto de luz. La recogió y la llevó a su casa. Un visitante vio la piedra y le dijo que era un diamante. Fueron al río y encontraron piedras aún más grandes, lo que llevó al nacimiento de la mina de diamantes de Golcanda en la India, una de las más famosas del planeta.
Esta historia contada por Russell Herman Conwell, fundador de la universidad de Temple en los Estados Unidos, se asemeja mucho a los que nos pasa en Colombia y en Santander. Si el granjero inicial se hubiera tomado el tiempo de estudiar y aprovechar su propia tierra no hubiera cometido el error de abandonarla y mucho menos de venderla por una pequeña fracción de lo que verdaderamente valía. Él no se dio cuenta que literalmente estaba parado sobre acres de diamantes. Nos hace falta creernos que realmente tenemos un país y una región llenos de oportunidades. Varios determinan su comportamiento en el miedo, la apatía, la rabia y conversaciones improductivas.
Al mismo tiempo que muchos quieren irse del departamento y del país, otros anhelan volver y extranjeros descubren aquí innumerables oportunidades. Por ejemplo, los municipios de Barichara y la cultura de Vélez fueron una de las principales fuentes de inspiración de la película Encanto de Disney. Cualquier región soñaría por tener los reflectores de la empresa de entretenimiento más importante del mundo. Igualmente, tuvo que llegar un venezolano a la dirección técnica del Atlético Bucaramanga para demostrarnos que si era posible alcanzar nuestra primera estrella después de 75 años de historia.
La belleza de nuestra naturaleza; la calidez y calidad del talento humano; el clima envidiable (actualmente países con estaciones alcanzan temperaturas por encima de los 40 grados); las múltiples oportunidades para generarle valor al país y al mundo; y literalmente estamos sentados sobre oro, cobre, petróleo y gas, y muchas otras riquezas. Tenemos que conocer y apropiarnos de nuestro territorio. Debemos pintarnos en nuestras mentes la Colombia y el Santander que soñamos y con orgullo, valentía, rigurosidad y entusiasmo trabajar día a día para hacer de este sueño una realidad. Llegó el momento de valorar que estamos parados sobre acres de diamantes.











