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Columnistas
Jueves 14 de agosto de 2025 - 01:00 AM

La esclava Antonia

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Las películas de Hollywood con tema histórico son la peor fuente para la formación de una conciencia histórica. Por principio, uno no debería verlas. Tal es el caso de las películas sobre Bolívar, donde el guion exige un antagonista, que siempre será el “malvado” de Santander, y las películas sobre la esclavitud en los Estados Unidos, donde sobran las flagelaciones y crueldades, para formar en los gringos una conciencia culposa. Pero una cosa fueron los grandes grupos de esclavos de los planters (George Washington tuvo 130, que ordenó liberar después de la muerte de su esposa), y otra muy distinta fueron las parejas de esclavos domésticos que existieron en las haciendas de nuestro país.

El general José Hilario López heredó de su padre una sola esclava, llamada Antonia. En 1810, cuando empezó la revolución, se fue a la guerra civil y estuvo fuera de su casa más de una década. Al regresar a su hacienda en 1823, le pidió cuentas a la negra Antonia. El informe fue escueto: con su trabajo infatigable, de noche y de día, había dado de comer y vestido a sus dos hermanitos menores, y además los había enviado a la escuela, durante más de seis años, para que aprendieran todos los conocimientos básicos. La reacción del famoso general, que fue presidente de nuestra república, fue abrazarla y bañarla de lágrimas, publicando a continuación esta historia en el periódico El Fósforo, donde la llamó “segunda madre de mis desvalidos hermanos huérfanos”. No se olvidó de darle su carta de libertad.

Cuando el general Bolívar dio la orden de incorporar 5.000 esclavos jóvenes a las milicias libertadoras, provocó una crisis humanitaria en la provincia de Popayán. Eran miles las viudas que comían y bebían del trabajo de sus negros esclavos domésticos en los mercados locales, herencia de sus padres o de sus maridos. Embebido de soberbia, el Libertador presidente se enteró del asunto cuando ya era demasiado tarde, lo cual no afectó la gloria que buscó con ahínco. Nadie aprende historia verosímil con películas de Hollywood, porque los libretistas no saben nada de la historia social de nuestros pueblos.

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