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Martes 28 de julio de 2026 - 01:00 AM

Simón Etra es un bebé. @simonetraemprende

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El 31 de diciembre de 2025, Simón Etra (tampoco conocido como Simón G. Navas) tomó una decisión que muchos adultos aplazan durante años: cambiar su vida. Tenía una cámara y cuatro áreas de enfoque que parecían simples, pero que exigían disciplina, claridad y una voluntad poco común. Hoy, mientras publica su video número 126, ya no es el niño que aspiraba a 10 mil seguidores: es el joven que ha superado esa meta por 38 mil más. Y aunque insiste en que solo documenta su proceso, su impacto demuestra que está haciendo algo más profundo: recordándonos que el cambio no tiene edad.

Simón nunca dijo que su vida estuviera rota. Dijo que quería cambiarla, es decir, construirla con intención. La reacción adulta fue inmediata: “no tienes vida para cambiar”, “eres muy pequeño”, “dedícate a otras cosas”. Pero Simón respondió con una claridad que desarma: “Tengo 14 años, no tengo la vida resuelta. Solo muestro cómo la construyo”. Esa frase contiene una verdad que los adultos olvidan con facilidad: la vida no empieza cuando ellos lo deciden, sino cuando uno decide empezar.

Su proyecto nació sin un plan perfecto —como nacen las cosas vivas— pero con cuatro focos: cambio mental, proyectos concretos, transformación física y crecimiento externo. Reconoce estar lejos en lo físico. Según su tío (EA), debe ser por la cabeza grande, el pelo extraño y la estatura de niño. Pero entrena, come bien, se compromete. En lo mental, elimina ruido, evita el autoengaño, se sienta a trabajar. En lo externo, fija una meta que parecía lejana y terminó superándola en un trimestre.

De un análisis detallado de sus primeros 125 videos se evidencia que Simón es humano. Se desvía, explora, prueba, se entusiasma y vuelve a empezar. En medio de sus proyectos iniciales decide desarrollar un caddie bot que recoja pelotas de tenis. Una idea que, lejos de ser un desvío irrelevante, revela su capacidad de detectar problemas cotidianos, convertirlos en oportunidades y, sí, también la pereza de no querer recogerlas él mismo. Ese es el punto: su proceso no es lineal, es auténtico.

Además del permiso y acompañamiento de sus padres, Simón cuenta con un perseguidor que lo vigila con atención, rigor y afecto. Ese perseguidor soy yo. No para corregirlo, sino para aprender de él.

Una madura e influyente influencer lo llama “personita” y cuestiona que quiera cambiar su vida sin haber vivido la propia. Simón responde con una madurez que debería sonrojar a más de uno: “Si mis videos ayudan a una persona a empezar, valió la pena prender la cámara”.

Simón no cambia su vida porque esté rota. Está viva. Nos recuerda que la transformación no es un privilegio adulto, sino una decisión humana. Síganlo en @simonetraemprende.

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