Publicidad

Columnistas
Viernes 11 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

No es solo el resultado

Compartir

Los recientes resultados de las pruebas PISA han suscitado un debate en los medios nacionales y en las redes sociales, especialmente sobre los resultados obtenidos por el país. Es importante tener en cuenta que estas pruebas fueron aplicadas a más de 7 millones de estudiantes en 91 países, donde se evaluó a los estudiantes en matemáticas, ciencias y lectura. Los resultados a nivel global evidencian una disminución en los puntajes, sobre todo en lo que concierne a la lectura.

Como era de esperarse, China obtuvo los mejores resultados en las pruebas debido a su nivel de crecimiento y, sobre todo, desarrollo económico, que no es lo mismo, pero sí va de la mano. Lo acompañan países como Singapur y Japón. Uruguay lidera entre los países de América Latina en ciencia y matemáticas, mientras que Chile obtuvo el mejor resultado en lectura. Colombia obtuvo 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias, resultados que… (sonido de redoblante) ubicaron al país por debajo del promedio de la OCDE.

Sin embargo, reducir la discusión a estas cifras sería quedarse en lo superficial —que es lo que muchos políticos han decidido hacer—, y es que el núcleo del problema no está en los resultados que se obtuvieron, más allá de que son malos —aunque han sido malos durante los últimos 20 años—, sino en que el problema está en la desigualdad; y es que el nivel socioeconómico explica estadísticamente el 17,4 % de las diferencias en el desempeño y la brecha entre estudiantes de contextos más y menos favorecidos alcanza los 93 puntos, equivalentes a más de dos años de escolaridad.

En este contexto, el dato sobre resiliencia académica muestra que el 9,2 % de los estudiantes de contextos vulnerables logra ubicarse entre los de mejor desempeño pese a sus dificultades socioeconómicas. Esto no significa que el origen determine inevitablemente el resultado de cada estudiante, pero sí invita a cuestionar la comodidad con la que atribuimos el éxito o el fracaso exclusivamente al esfuerzo individual.

Colombia necesita una política nacional de educación sostenida más allá de los períodos de gobierno, que haga del cierre de brechas su criterio central. Esto exige financiación que priorice a las instituciones con mayores necesidades, alimentación y transporte escolar garantizados, apoyo pedagógico oportuno y mejores condiciones para enseñar, especialmente en zonas rurales y periferias urbanas.

Ya no podemos seguir en la falsa dicotomía entre calidad y equidad; debemos perseguirlas juntas si queremos que la cosa cambie. Debemos transformar las condiciones que determinan los resultados. La educación habrá cumplido su promesa cuando aprender no dependa tanto del lugar donde se nace ni de los ingresos del hogar, más ahora en tiempos de la IA.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día