Llegó a las salas de cine ‘Adiós al amigo’, el más reciente largometraje del director santandereano Iván David Gaona. Tras su premiada gira en Varsovia y Tokio, la película desembarcó en Colombia con una propuesta que se atreve a mirar nuestra historia a través de un lente poco convencional.
La trama nos sitúa en el ocaso de la Guerra de los Mil Días, cuando el soldado revolucionario Alfredo Duarte Amado recibe la noticia del embarazo de su cuñada.
Su objetivo ahora es encontrar a su hermano, reclutado por la contienda. En el camino se cruza con un fotógrafo que persigue al asesino de su padre y entre ambos surge una amistad mientras se topan con figuras como el general Rafael Uribe Uribe y el ‘Conde de Cuchicute’.
Pero lo que distingue a esta película no es solo la historia que cuenta, sino cómo la cuenta. Gaona toma prestado el código del western estadounidense y lo
‘santandereaniza’ con la misma irreverencia con la que los italianos crearon el ‘spaghetti western’ en los sesenta. En palabras del propio director, sus amigos han bautizado el resultado como un ‘pepitoria western’, y la etiqueta le calza perfecto: es cine de vaqueros, sí, pero en el árido y monumental Cañón del Chicamocha, donde la geografía se convierte en un personaje más.
El director de fotografía, Andrés Hernández, aprovecha la rudeza del cañón para crear imágenes que evocan la obra del mexicano Gabriel Figueroa (‘La Perla’).
Aquí, la piel sudorosa de los personajes contrasta con los ocres de la tierra de Cepitá. Cada plano impregna de calor y polvo filtrándose desde la pantalla. Se siente sed.
En el apartado sonoro, Edson Velandia’ firma su cuarta banda sonora para cine y lo hace con un magistral juego entre marchas marciales, cornetas solitarias y ensambles de viento que dialogan con la trama como un narrador paralelo. La música no decora, cuenta otra historia.
La productora Mónica Juanita Hernández armó un equipo integrado casi en su totalidad por profesionales santandereanos, incluidos actores naturales de Güepsa que ya habían participado en ‘Pariente’ en este cine que no es de consumo rápido, que no busca la espectacularidad de Marvel o DC Comics; aquí los únicos efectos especiales son los afectos, el peso de las miradas y la crudeza del territorio. Es un cine que exige paciencia y apertura del espectador, pero que recompensa con una experiencia estética y emocional profunda.
En tiempos en que buena parte del cine colombiano se debate entre la fórmula comercial y el experimentalismo hermético, Gaona apuesta por un camino intermedio: narrar lo que somos con códigos universales, sin perder el alma santandereana. Por eso, ‘Adiós al amigo’ no solo merece ser vista: merece ser conversada.












