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Domingo 17 de agosto de 2025 - 01:00 AM

Reserva temporal a destiempo

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La reserva temporal creada por el Decreto 044 introdujo un cambio inmediato en la gestión del territorio que, en la ladera oriental del Área Metropolitana, ya se traduce en costos concretos para la economía popular y la agricultura familiar. El problema no es el objetivo ambiental, sino el diseño operativo: un polígono único, sin microzonificación ni transición económica, que descoordina la planificación municipal y congela decisiones básicas para producir, acopiar y llevar alimentos al mercado.

La delimitación homogénea iguala nacederos, laderas agrícolas y mosaicos agroforestales, lo que retrasa obras menores clave para la productividad en pendiente (placas-huella, taludes, bocatomas, conducciones y reservorios). Cada semana perdida en mantenimiento vial o captación de agua eleva fletes, reduce entregas y baja rendimientos, afectando también cronogramas de acopio y secado, con menores volúmenes y ruptura de encadenamientos locales.

El segundo impacto es la desalineación con POT y planes metropolitanos: sin instrumentos de concurrencia ni cuadros de compatibilidad con POT/EOT/POMCA, se superponen reglas y se frenan intervenciones ya presupuestadas, generando ineficiencia y pérdida de confianza de asociaciones y cooperativas.

Finalmente, la ausencia de transición traslada el costo a las familias: sin un plan que estabilice ingresos, se comprometen cosechas, se pierden mercados y se deprecia el suelo productivo. No es abstracto: entregas irregulares implican clientes perdidos, retrasos en vías encarecen costos y la indefinición sobre obras hidráulicas limita la siembra.

La corrección es viable y concreta. Primero, segmentar el polígono en unidades ambientales-productivas mediante matrices que distingan conservación, restauración, agroforestería y usos condicionados. Segundo, asegurar concurrencia formal: cada delimitación debe sustentarse en un acuerdo Nación–municipio/área metropolitana que integre la reserva a POT/EOT/POMCA con responsabilidades, cronogramas e indicadores. Tercero, implementar un Plan de Manejo Transicional con presupuesto, asistencia técnica en suelos y agua, compras públicas campesinas, pagos por servicios ambientales y calendario veredal. Cuarto, aplicar gradualidad regulatoria: reemplazar el esquema “todo o nada” por restricciones escalonadas ligadas a indicadores de calidad hídrica, erosión y presión antrópica. Quinto, crear una ventanilla única rural que priorice vías, bocatomas, secaderos y reservorios durante el ajuste, con seguimiento público.

Es simple, para todos: el Gobierno marcó un área grande para cuidar el agua, pero lo hizo con una sola regla para lugares muy distintos y sin plan de ayuda. La solución es dividir mejor el mapa, coordinar con las Alcaldías y apoyar a las familias durante la transición, para que proteger el agua no signifique sacrificar la vida de quienes la cuidan cada día.

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