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Columnistas
Domingo 24 de agosto de 2025 - 01:00 AM

De la pequeñez institucional a la grandeza metropolitana

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Lo dije en mi columna del 15 de diciembre de 2024 “Tormenta Perfecta” y hoy lo repito con más crudeza: Bucaramanga está secuestrada por un modelo institucional enano para una ciudad que ya es metrópoli.

La destitución del alcalde no es un rayo en cielo despejado: es el trueno lógico de un sistema que multiplica jefes, diluye responsabilidades y desperdicia tiempo. Nos volvimos expertos en apagar incendios con un vaso de agua. En esta emergencia, nadie está al mando.

Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta viven como una sola ciudad, pero se gobiernan como parroquias desconfiadas. Cuatro alcaldes, cuatro concejos, cuatro oficinas de tránsito, cuatro tributos y ninguna dirección común. Ese rompecabezas no suma: resta. Resta horas en trámites inútiles, plata en burocracias repetidas y ambición en proyectos que nunca despegan porque cada quien tira para su lado.

Mientras aquí contamos destituciones, el mundo avanza. La economía digital, la automatización y la inteligencia artificial transforman empleos y empresas a la velocidad de un clic. Nuestros jóvenes necesitan formación y ecosistemas de emprendimiento; a cambio reciben interinatos y pleitos. Lo urbano va igual: POT sin dirección, planes maestros desalineados, bordes rurales sin control, vivienda asequible sin habilitar, renovación urbana que no cierra y un transporte que no integra centralidades ni tarifas. Sin mando metropolitano no hay financiación, cronogramas ni competitividad. Cada mes perdido es un año menos de calidad de vida.

¿Elegiremos a alguien para completar dos años? Sí. ¿Importa quién? No. Con esta arquitectura fallida, cualquier nombre es un parche: cambiar de piloto en un avión sin radar. No confundamos el alivio de votar con la solución real. El problema no es la silla, es el tablero.

La salida honesta es elegir un alcalde que se ponga la camiseta del Distrito Metropolitano: que construya consensos, restructure el Área Metropolitana, dé asiento real a la Gobernación, lidere un sistema de transporte masivo y garantice seguridad cortando de raíz la extorsión. Estos dos años deben servir para rediseñar la arquitectura institucional.

Hoy pagamos distinto por lo mismo y castigamos al ciudadano con fronteras que solo existen en el papel. Un Distrito unifica reglas y corrige inequidades: donde se usan los servicios, se pagan; donde se impacta, se compensa; donde se decide, se responde.

No controlamos fallos ni egos, pero sí el diseño institucional. No controlamos el pasado, pero sí el paso que damos ahora. El Distrito es ese paso: concentra el timón y la rendición de cuentas.

A los que viven de la fragmentación les encanta el ruido: “no se puede”, “no conviene”, “no es el momento”. Precisamente porque es difícil, es urgente. La valentía no consiste en gritar más fuerte, sino en decidir mejor. Y decidir mejor hoy, trabajar por un Distrito Metropolitano es la verdadera elección.

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