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Lunes 25 de agosto de 2025 - 01:00 AM

Cadenas de oración

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—Cuánto me alegra que hayan dado fruto las oraciones por la libertad de nuestro presidente —exclamó Maurén emocionada—. Seguiremos organizando manifestaciones y estaremos en cadena de oración para que tumben ese fallo tan injusto, pero desde ya lo tenemos libre para que nos salve.

—Supongo que cuando dice “nuestro presidente” no habla del presidente de la República, sino de otra persona —comentó el ilustre profesor Gregorio Montebell con una sonrisa.

—Por supuesto; para nosotros, “él” es el único presidente, por siempre.

—Ah, entiendo. Pero también entiendo que en esas cadenas de oración pidieron por la recuperación de Miguel Uribe Turbay, y también hubo manifestaciones para unificar las plegarias. ¿Qué pasaría, entonces?

—Es que Dios sabe cómo hace sus cosas, y hay que respetar su santa voluntad.

—Pero ahora entiendo menos: ¿cómo se puede interferir en las decisiones supremas mediante la oración y las manifestaciones en la calle, si hay que respetar su santa voluntad?

—Es que hay que pedirle con fe para que reconsidere sus decisiones.

—Ah, entiendo. Pero en esas decisiones es como selectivo, ¿no cree usted?

—Los tiempos de Dios son perfectos.

—Ah, pero entonces no entiendo para qué pedirle que cambie algo que ya tiene decidido y planeado.

—Pues parece que usted entiende muy poco de la fe —replicó Maurén un tanto incómoda— porque Dios, en su infinita misericordia, atiende las súplicas de sus hijos cuando se le pide con devoción sincera y fe. Él todo lo puede, así que, como le digo, permitió que nuestro presidente pueda estar gozando de libertad.

—Ah, entiendo entonces que la decisión de la jueza estuvo bien —contestó Montebell—, pero hubo intercesión superior para liberarlo.

—Exacto.

—Pero no entiendo entonces por qué no le ayudó a Miguel Uribe, cuando menos un poquito.

—Dios sabe cómo hace sus cosas, y sus decisiones supremas obedecen a su infinita misericordia y a su excelsa sabiduría.

—¿También se puede pedir por otras cosas, menos trascendentales, como sucede con las barras de los equipos de fútbol? Porque ellos sí que le ponen enjundia y corazón para que su equipo gane.

—Exacto.

—Pero los del equipo rival también hacen lo mismo, ¿y ahí entonces cuál tiene más injerencia en las decisiones superiores?

—Ya le dije que Dios sabe cómo hace sus cosas, y sus tiempos son perfectos. Lo que haya decidido será lo que suceda. Punto.

—Ah… Pues no me queda claro; pero bueno.

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