En lo público suelen coexistir dos actitudes frente a los procesos de largo aliento que emprende la ciudadanía. La primera es la del respeto por lo que funciona y su continuidad, con los ajustes técnicos necesarios para seguir avanzando. La segunda es el adanismo puro, esa idea de algunos políticos de creer que son el punto cero del plano cartesiano, y que lo anterior debe ser descartado. Bajo la primera premisa se levantan sociedades sólidas, con proyectos que se consolidan con el tiempo. Bajo la segunda florecen la politiquería y la rencilla perpetua, esa que ya tiene cansados a los ciudadanos.
Esto fue exactamente lo que ocurrió con Casa Búho, que permaneció cerrada durante los dos años del gobierno de Beltrán, y que, para el momento en que circule esta columna, no sabemos si aun será o no el alcalde de la ciudad.
Bucaramanga soñó durante años con un espacio digno para proteger a la niñez más vulnerable. Ese sueño se materializó en el gobierno de Cárdenas, aunque, en honor a la verdad, la idea nació en la administración de Rodolfo. No fue sencillo. El ICBF exige múltiples requisitos para confiar al municipio el cuidado de menores en riesgo, más aún tratándose de un servicio novedoso en la ciudad.
En el año post pandémico (2021), cuando me correspondió ser secretario de Desarrollo Social, cartera a la que estaba adscrito el proyecto Casa Búho, realizamos varias visitas a la Secretaría de Integración Social de Bogotá para aprender de su experiencia y poner en marcha el proyecto. En la capital llevan décadas operando más de veinte jardines nocturnos, sin importar si el gobierno es de izquierda, derecha o centro. Allí se comprendió lo esencial: los niños bajo cuidado no son susceptibles de ideologías, lo único que importa son sus derechos.
Por eso resultó desconcertante que, a comienzos de 2024, Casa Búho cerrara sus puertas por una gotera que, según la Alcaldía, había deteriorado su infraestructura. Luego vinieron meses de anuncios incumplidos y el lugar permaneció abandonado. Ahora, tras reparar la gotera, nos informan que Casa Búho dejará de serlo, pues ya no ofrecerá su servicio nocturno.
Conviene recordarlo. En Bucaramanga hay muchos jardines infantiles, pero lo que hacía único a Casa Búho era precisamente la atención en horario nocturno. De allí su nombre. Sin este servicio el proyecto pierde sentido, y aunque fue concebido como un piloto, su evaluación arrojó resultados sobresalientes en materia de protección. La ciudad solo avanzará cuando entienda que la continuidad en lo público no es un gesto de cortesía, sino un deber institucional. Casa Búho lo demuestra con claridad: interrumpir lo que funciona no solo hace perder tiempo, también erosiona la confianza ciudadana, ese bien escaso que tanto cuesta recuperar.










