¿Qué se necesita para recibir una condecoración del Concejo de Bucaramanga? No mucho: que un concejal lo proponga y que la mayoría la apruebe. Sencillo.
Nadie discute que el Concejo haga ese tipo de reconocimientos. Ni más faltaba. Con seguridad, la gran mayoría de quienes los han recibido los merecen. Lo que no deja de llamar la atención no es tanto por qué las conceden, sino cómo terminan concediéndolas.
La normativa que las regula, más que precisa, es lacónica. El Reglamento Interno del Concejo apenas les dedica siete artículos: seis remiten a los actos administrativos que crean las condecoraciones; el séptimo le impone al secretario general el deber de verificar que el reconocimiento no se le haya entregado antes a la misma persona. Y aunque en varias ocasiones han intentado actualizar la reglamentación para que la distinción responda al mérito más que a cualquier otra intención, no lo han conseguido.
Carlos Parra, siendo concejal, presentó dos proyectos de acuerdo. Buscaba que las condecoraciones recobraran su carácter excepcional como símbolo de honor y distinción y correspondieran a méritos calificados de quienes las reciben. Que dejaran de ser actos de lambonería vergonzante y de marcado tinte oportunista, como las calificó Miguel Ángel Pedraza en una de sus columnas de opinión. No lo logró.
En el proyecto que tenía por objeto actualizar el reglamento interno también se incluyó el tema. La iniciativa fue archivada sin discutirse siquiera en primer debate, a pesar de que contaba con el respaldo de todos los concejales.
En alguna oportunidad escribimos que era necesario restablecer el verdadero sentido del mérito al otorgar las condecoraciones para que recuperen el valor, la dignidad y el propósito para el que fueron creadas. Nada.

Lo cierto es que el asunto debe revisarse. Los concejales, al menos, deberían conocerlo.
La reglamentación, por ejemplo, establece las fechas precisas en que las condecoraciones deben entregarse. Pero eso poco o nada les importa a los concejales a la hora de proponerlas. Ni siquiera han advertido que la misma reglamentación, excepcionalmente, les permite establecer una fecha diferente. El pupitrazo, impulsado por el halago, termina imponiéndose. Ah, y eso de “premiar” a un funcionario por hacer aquello que está obligado a hacer, como sucedió hace poco, no tiene presentación. Bueno, sí, de pronto por aquello de que favor con favor se paga; dicho popular que en vísperas de un año electoral adquiere visos de premonición.
Mientras los concejales revisan el tema, si es que se toman la molestia de hacerlo, usted, apreciado lector, tenga cuidado cuando camine por los lados de la Plazoleta de la Democracia. Corre el riesgo de terminar con una medalla en el cuello y un pergamino debajo del brazo. Queda advertido.










