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Sábado 27 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

Rebelión patiamarilla

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Hay momentos en que las instituciones no alcanzan a latir al ritmo de los territorios. Cuando eso ocurre, la comunidad tiene la obligación moral de organizarse, articular sus voces y construir su propio camino. Ese papel definitivo de la sociedad civil se hizo evidente en Barichara, donde ciudadanos comprometidos han diseñado una metodología participativa para redefinir colectivamente su Esquema de Ordenamiento Territorial (EOT).

El reciente Foro Ciudadano EOT Barichara 2025, organizado por el grupo comunitario Mesetas, reunió a más de 600 personas que expresaron con claridad cuál debe ser la prioridad en el nuevo plan: el agua. En las mesas de trabajo surgió una consigna transversal: “sin agua no hay vida, sin agua no hay nada”.

Desde la protección de nacimientos, acuíferos y quebradas, hasta la exigencia de detener perforaciones profundas, el mensaje fue claro: el desarrollo turístico o urbanístico no puede construirse sobre el sacrificio del recurso hídrico. Eso no es revancha ambiental, es simple sentido común.

El proceso no ha sido simbólico. Los ‘patiamarillos’ (nacidos o decididos a serlo) diseñaron de base estaciones temáticas por el municipio para recoger propuestas; hicieron mapas afectivos; convites y talleres para escuchar no solo a los líderes visibles, sino a los caminantes que habitan veredas y barrios. Con el apoyo académico de la UNAB se está construyendo una visión territorial hacia 2037, que articule turismo responsable, cultura, patrimonio y protección del recurso hídrico.

Este modelo de participación es también un señalamiento inevitable: los gobiernos locales deben entender que ya no les basta decretar planes desde el escritorio, y mucho menos pagarle a pseudo consultores que copian y pegan parrafadas enteras, extraídas de esquemas de otros pueblos. Les toca caminar junto a la gente, ceder protagonismo técnico y legitimar sus decisiones en la participación real. Si lo contrario ocurre —y muchas veces ocurre—, esos planes se vuelven papel muerto, documentos desvinculados del sentir de los pobladores. Barichara ya lo advirtió: sin seguimiento ciudadano, el EOT quedará en “otro documento del montón”.

Que esta experiencia no quede como un episodio aislado. En muchos municipios del país, las comunidades enfrentan procesos similares: presión sobre agua y suelo; turismo desbordado; crecimiento urbano desordenado. Barichara puede ser un faro replicable para inspirar metodologías de empoderamiento. Que la voz ciudadana no sea un ecosistema accesorio, sino el eje central del desarrollo local.

Cuando la institucionalidad se queda rezagada, la comunidad debe tomar el timón.

Esa es la lección de Barichara: que no esperarse del Estado, sino acompañarlo, corregirlo, exigirle que escuche. Necesitamos más ciudadanos capaces de imaginar territorios, de decidir colectivamente y de ser guardianes del bien común.

El futuro del país pasará por quienes no se resignen a ser espectadores y construyan su propia rebelión pacífica.

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