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Lunes 14 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Insistamos

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Seguimos persiguiendo una ciudad mínima para todos y no una ciudad máxima para pocos. Una ciudad construida por la comunidad y no por unos pocos. Y, para eso, es necesario intentar desarrollar un plan piloto en Bucaramanga, en una comuna como la Comuna 14, que incluye varios barrios.

Según el DANE, el 57,2 % de las viviendas de Morrorico —donde existió un cementerio indígena— son casas; el 67,8 % de los hogares tiene cuatro o menos personas; el 3,8 % tiene actividad económica en sus viviendas; el 48 % de la población son hombres y el 52 % son mujeres; el 91,1 % de la población de cinco años y más sabe leer y escribir; el 44,2 % de los jóvenes está en Venezuela, el 22,1 % en España y el 21,2 % en Estados Unidos. La población sin ningún nivel educativo es del 9,8 %. El 24,7 % vive en unión libre.

Entonces, si queremos comenzar a cambiar la ciudad y su tragedia, debemos enfocar toda la imaginación y creatividad en la comunidad, para que asuma con pertenencia sus barrios, conozca el derecho urbano y reclame el derecho a la estética, a la creación de un mejor entorno, a su patrimonio verde, a sus árboles, a su aire limpio para sus niños.

Debemos hacerlo con responsabilidad. No es un sueño y tampoco se lo vamos a dejar a «los otros», a los ineptos y politiqueros que han hecho de la ciudad este esperpento. Los de siempre no son el pueblo que hace esfuerzos diarios, madrugando, con «el sudor de su frente», buscando la decencia para sacar adelante a su familia.

«Por la defensa del derecho a la amabilidad y al buen trato; por la defensa del derecho a la hospitalidad; en fin, por la defensa de la vida en ciudad y donde quiera que ella toque», decía Erwin.

No permanezcamos indiferentes a lo que pasa por nuestras calles. Hagamos entre todos (las instituciones del Estado y la comunidad) una ruta para el «Plan Piloto Morrorico», que enfoque, de acuerdo con las estadísticas del DANE, unas políticas públicas dirigidas a la cultura ciudadana, el empleo y la formación de líderes sociales y transporte, el 80 % de su transporte no es legal o es legal en cuanto ayuda a resolver una necesidad vital. Ese sueño del teleférico que una vez planteó Fernando Vargas, hay que revivirlo. Si esta experiencia es exitosa, se podrá extender.

Que las universidades se asomen a esa realidad que puede hacer inviable la ciudad. Hay que enfocar la ciencia en nuevos modelos de habitación: más ecológicos y más humanos.

Menos vanidad y menos egolatría; más sensibilidad. Más cohesión social, para que el ciudadano se sienta integrado a la vida de su ciudad. Y felicidad urbana: más deporte y ocio sano, más arte.

Una ciudad que se cure de su futuro inviable.

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