El proyecto de Presupuesto General de la Nación para 2027, presentado al Congreso, asciende a 635 billones de pesos y contempla un aumento de recursos de crédito. El Comité Autónomo de la Regla Fiscal advierte que el déficit total podría acercarse al 10 % del PIB y la deuda neta del Gobierno central al 67,3 %. Para superar la difícil situación, agravada por el terremoto, el presidente ha contemplado un incierto ajuste al gasto, mientras que diversos analistas consideran inaplazable una reforma tributaria y han llegado a sugerir la venta de Ecopetrol. Cualquiera que sea la combinación de medidas, habrá menos espacio para financiar nuevas obras con recursos nacionales.
Para Santander, el mensaje es contundente. Durante décadas, buena parte de la gestión regional consistió en que la dirigencia santandereana viajara a Bogotá para obtener mayores partidas en el presupuesto. Esa tarea política seguirá siendo necesaria, aunque no suficiente. En tiempos de estrechez, tendrán mayores posibilidades de concretarse los proyectos técnicamente definidos que cuenten con una financiación creíble.
No se trata de renunciar al apoyo de la Nación. Habrá que complementarlo con aportes territoriales, recursos de regalías, contribuciones por valorización y, seguramente, inversión privada. Cualquier esquema mixto deberá demostrar la utilidad de la obra y ofrecer condiciones financieras y jurídicas confiables.

La PTAR Río de Oro ha sido objeto de una diligente gestión. El CONPES 4173 la declaró de importancia estratégica y el CONFIS avaló vigencias futuras, aunque aún están por definirse las condiciones para ejecutar esos recursos y concluir la fase previa a la licitación. Convendría explorar una concesión para construir y operar la planta, cuya remuneración dependa del cumplimiento de estándares verificables de tratamiento.
El transporte masivo es fundamental. Con los 12.000 millones de pesos destinados a rehabilitar las vandalizadas estaciones de Metrolínea se persiste en el error de invertir en un sistema fallido y sin doliente, en lugar de contratar un estudio para determinar cuál es la modalidad que necesita el área metropolitana, a partir de la demanda real y las características del entorno.
Merece destacarse el ejemplo de Floridablanca. Ante la inoperancia del Invias, el municipio emprendió con recursos propios el tercer carril en un sector crítico de la autopista Bucaramanga-Piedecuesta. La intervención demuestra que una administración puede escoger una prioridad y asumirla.
La estrechez fiscal nos debe conducir a abandonar la dispersión. Santander no necesita elaborar una lista cada vez más larga de aspiraciones, sino escoger proyectos que mejoren la calidad de vida y fortalezcan la competitividad regional, y llevarlos hasta hacer viable su ejecución. En tiempos de escasez, las regiones que avanzan no son las que más piden, sino las que saben qué debe hacerse primero.











