Gastronomía
Domingo 13 de septiembre de 2026 - 11:39 AM

De la yuca y el maíz, a una nueva forma de comer la arepa santandereana

Lo que comenzó como un intento por transformar una receta artesanal de arepas de yuca terminó convirtiéndose en un emprendimiento que hoy lleva los sabores del campo santandereano a nuevos escenarios.

Fotomontaje /VANGUARDIA
Fotomontaje /VANGUARDIA

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La yuca y el maíz llevan generaciones ocupando un lugar en la mesa santandereana. Son ingredientes de la cocina cotidiana, presentes en preparaciones que hacen parte de la memoria de muchas familias: la arepa de maíz pelao, el piquete, la yuca frita, las empanadas y otros platos en los que estos productos del campo han encontrado distintas formas de llegar al plato.

Pero también son alimentos que han quedado ligados, con frecuencia, a las frituras. Esa relación con la cocina tradicional es precisamente la que Sulay Díaz Bernal, ingeniera ambiental, decidió revisar cuando encontró en una arepa de yuca la posibilidad para emprender.

En 2018 conoció de manera artesanal unas arepas elaboradas a base de este tubérculo. La idea le llamó la atención y propuso convertir aquella preparación en una empresa. El primer intento duró pocos meses. Pero dos años después, en febrero de 2020, Sulay y su esposo decidieron retomarla.

Empezaron a experimentar con fórmulas y a buscar una propuesta para llevar al mercado. La primera fue una arepa de yuca con queso. Después llegaron otras preparaciones y, con la participación en ferias saludables y degustaciones, el proyecto comenzó a crecer.

Seis años después, aquel emprendimiento que empezó con una idea y una inversión que parecía perdida recibió un reconocimiento fuera de Santander. Nutriarepa, empresa de San Gil dedicada a la elaboración de alimentos a base de yuca, maíz y otros ingredientes, ganó el Premio Leonor Melo de Velasco, otorgado por la Fundación Mundo Mujer en el departamento del Cauca, tras competir en un proceso en el que participaron más de 120 emprendimientos.

La evaluación tuvo en cuenta aspectos como la propuesta de valor, la generación de empleo, el desempeño financiero, el impacto social y ambiental y el aporte de la actividad empresarial al desarrollo regional. Para la santandereana Sulay Díaz, el reconocimiento representa también una mirada hacia el trabajo que se hace desde Santander.

Suministrada /VANGUARDIA
Suministrada /VANGUARDIA

Volver a los ingredientes de siempre

La apuesta de Nutriarepa parte de ingredientes que no son nuevos para los santandereanos. La diferencia está en la manera de prepararlos y presentarlos.

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“Esas materias primas son productos que son básicos de nuestra canasta familiar, la yuca, la mazorca, el maíz es algo que viene de nuestros ancestros”, cuenta Sulay.

La empresaria reconoce que, con el paso del tiempo, la yuca y el maíz han encontrado en la fritura una de sus formas más habituales de consumo. Su propuesta consiste en llevarlos a preparaciones asadas y trabajar con el ingrediente como protagonista.

En el caso de la yuca, explica, el producto se elabora a partir del tubérculo y no de almidones añadidos. Las arepas de yuca con queso buscan una textura suave y esponjosa, mientras que las de mazorca surgieron después de una visita a Los Santos, donde Sulay conoció más de cerca el consumo de la arepa de chócolo.

También hay una versión con semillas de ajonjolí, chía y quinoa, pensada para quienes buscan una alternativa sin lácteos. Y está la arepa santandereana, elaborada a partir de maíz, como una referencia a aquellas con grasa de cerdo y chicharrón, pero sin harina añadida ni grasa adicional.

En ese recorrido aparecen también otros sabores de la región. Una de las preparaciones más recientes combina yuca, queso y bocadillo, elaborado con panela en Puente Nacional.

Para Sulay, recuperar estos ingredientes también significa mostrar que la tradición puede encontrarse con otras formas de alimentación sin perder su vínculo con el territorio.

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“No podría faltar nuestra arepa santanderiana, pues buscando devolvernos a las arepas que nos hacían los abuelos que eran 100% maíz, grasa de cerdo y chicharrón. Así son las arepas de nosotros. No tienen ninguna harina añadida y ninguna grasa adicional, es la tradicional de toda la vida, pero en un empaque y en una presentación que impacta”, señala.

Suministrada /VANGUARDIA
Suministrada /VANGUARDIA

El campo también llega a la arepa

Detrás de cada una de estas preparaciones hay una parte de la cadena que no siempre aparece cuando el alimento llega a la mesa: quienes cultivan las materias primas. San Gil, Curití, Pinchote, El Socorro, Palmas del Socorro y Ocamonte son los territorios con los que ha trabajado directamente.

“Toda la materia prima la compramos directamente a nuestros campesinos de la región y lo que queremos también es impulsar el campo santanderino. Nosotros actualmente ya compramos, como son cosechas, estamos muy ligados con el campesino acá de la región, principalmente de las provincias Guanentá y Comunera, los capacitamos, entregamos semillas de la materia prima que nosotros necesitamos”, detalla Sulay.

La intención, explica, es garantizar la calidad de la materia prima y, al mismo tiempo, pagar un precio justo y reducir la participación de intermediarios.

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Ese vínculo es una de las razones por las que Sulay entiende el reconocimiento recibido en Cauca como un premio para las personas que trabajan con ella, su familia, los campesinos y los comensales.

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