Publicidad

Columnistas
Jueves 09 de octubre de 2025 - 01:00 AM

“El solo un momentico” también es ilegal

Compartir

En Santander también nos quejamos del caos vial, aunque rara vez admitimos que buena parte del problema empieza con nosotros. Las normas de tránsito son claras, y aun así las incumplimos con esa despreocupación nuestra que confunde la costumbre con el derecho. A veces por descuido, otras por terquedad. Creemos que conducir es cuestión de sentido común, cuando en realidad exige cultura, respeto y responsabilidad al volante.

La escena es de todos los días: carros y motos parqueados sobre los andenes, bloqueando el paso de peatones. “Solo un momentico”, dice el conductor mientras saca la llave del carro. Ese “momentico” puede durar media hora y obliga al peatón a bajarse a la calzada, esquivando como si estuviera en una pista de obstáculos. Lo que parece una travesura sin consecuencias es una infracción clara: el Código Nacional de Tránsito prohíbe estacionar en andenes, zonas verdes o separadores. Aquí, sin embargo, la norma se volvió letra muerta. El andén perdió su propósito y se convirtió en parqueadero público.

Lo curioso es que, cuando alguien se atreve a reclamar, el infractor lo mira con fastidio, como si el problema fuera del peatón. Corregir al otro es casi una ofensa. Y es que la falta de sanción terminó volviéndose parte del sistema: el abuso cotidiano se disfraza de costumbre, y la costumbre, de derecho adquirido.

Tampoco faltan las motocicletas que circulan sin luces encendidas durante el día. Muchos creen que eso solo aplica de noche, cuando en realidad el mismo Código exige llevarlas prendidas siempre. No es capricho: es para que los demás los vean. En esta ciudad preferimos confiar en la suerte antes que en la prevención. La seguridad pasa a segundo plano, detrás de la prisa y del “yo manejo bien, tranquilo”. Tal vez por eso las estadísticas de accidentes siguen creciendo y las campañas de prevención se pierden entre los pitos y las excusas.

El tercer acto de esta tragicomedia vial ocurre frente a los semáforos: conductores que frenan sobre la cebra, como si las líneas blancas fueran decoración urbana. La norma prohíbe detenerse en los pasos peatonales, aunque muchos lo ignoran. “El trancón me agarró aquí”, dicen, como si la culpa fuera del semáforo y no de su impaciencia.

No son las únicas infracciones: son postales del desorden. Cada una revela una ciudad donde la comodidad personal vale más que el respeto común y la cultura ciudadana se pone a prueba. La educación vial no se aprende con comparendos, sino con ejemplo. Y mientras el “solo un momentico” siga justificando, todo, Bucaramanga seguirá siendo ese lugar donde el pito suena más fuerte que la conciencia… y donde el apuro tiene más derecho que el peatón.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día