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Jueves 09 de octubre de 2025 - 01:00 AM

Requinteros

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Cualquier lego en la historia del régimen social del Nuevo Reino de Granada que tuvimos entre 1551 y 1810 podría explicar la institución de la encomendación de los caciques en los soldados que vinieron de Castilla a fundar ciudades de vecinos, todos ellos reales vasallos de los reyes. Saben que, desde entonces, los indígenas quedaron obligados a pagarles periódicamente tributos, que en este reino llamaron con la palabra “demoras”. Incluso saben que los mestizos que resultaron del encuentro sexual de los dos grupos sociales reclamaron de inmediato la excepción del pago de las demoras, dado que sus padres eran españoles. Pero la creciente mezcla de esos dos grupos originales con los negros africanos produjo una masa nueva de gentes que llamaron con la palabra castas, en cuanto lograron ser libres gracias a varias estrategias.

Pero los reales recaudadores de las demoras de los indios abrieron el ojo.

Introdujeron entonces el cobro del derecho real llamado requinto, no aplicable a los mestizos, sino a las castas libres, cuyo color más oscuro los delataba. Podían cobrarlo porque eran libres y se ganaban la vida como jornaleros y concertados. Pero en ocasiones se les iba la mano, y metían en las listas de requinteros a algunos “mestizos limpios”, lo cual quería decir que no portaban sangre africana. Si la genética se hubiera desarrollado al nivel de hoy, habrían metido a todos los varones, porque todos somos, sin excepción, afrodescendientes.

Los blancos de Zapatoca llamaron a los morenos con la voz “negro requineto”, un vestigio de la expresión “negro requintero”, que realmente era zambo o mulato. Los pleitos de los mestizos limpios ante las justicias de Girón enternecen, pues fue mucho lo que se esforzaron para demostrar que eran descendientes de españoles, con el fin de ni pagar la demora ni el requinto. Por eso corrían a las iglesias a casarse, para que sus hijos pudieran presumir de “hijos ingenuos de legítimo matrimonio”. Ni por asomo permitieron que “la mancha de sangre negra” se les notara. Ni demora ni requinto, porque los “mestizos limpios” siempre presumieron de no pagar tributo alguno al rey.

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