Un filósofo italiano realizó un experimento que podríamos calificar como la inteligencia artificial confrontada por la inteligencia artificial, mediante la creación de un autor ficticio que, fruto de sus reflexiones, acuñó el término hipnocracia para describir el estado al que se ha visto sometida la humanidad por efecto de la manipulación de la realidad. Bajo ese título se publicó el ensayo de Jianwei Xun, supuesto pensador y analista cultural nacido en Hong Kong, con estudios en Dublín y asesor de instituciones internacionales en estrategias narrativas.
El libro, que examina los alcances y riesgos de la IA, identifica un mundo de realidades múltiples y percepciones mediadas por algoritmos. Advierte que, ante este escenario, más que aspirar a una verdad absoluta, corresponde desarrollar la capacidad de habitar conscientemente el umbral entre lo cierto y lo ficticio, entre lo humano y lo artificial, entre lo individual y lo colectivo.
El poder se ha convertido en paradigma del control social a través de la manipulación del pensamiento común: “ha evolucionado más allá de la fuerza física y la persuasión lógica; se ha vuelto vaporoso, insensible, capaz de infiltrarse en todos los aspectos de nuestras vidas”. La era de la hipnocracia está en pleno apogeo. Es protagonizada por figuras emblemáticas que ejercen como nuevos hacedores de la manipulación, repitiendo consignas con un contenido hipnótico que coloniza el inconsciente. Son expertos en crear crisis para presentarse como la solución. No necesitan convencer a todos: basta con sostener a una minoría activa en estado de trance para alterar la realidad.
No es posible enfrentar la hipnocracia desde sus propios códigos. Ella induce formas compartidas de pensamiento que oscilan entre la nostalgia de un pasado imaginario y la anticipación de un futuro imposible. Su única verdad es que no hay verdad. “No importa si algo es cierto: lo importante es que se crea. El sistema no busca coherencia; se alimenta de la confusión.”
El populismo contemporáneo no opera mediante políticas viables, sino a partir de una ilusión de triunfo o de la amenaza de una catástrofe inminente. Promete el regreso a un tiempo ideal que siempre está por llegar, pero nunca llega. La gobernanza real se vuelve secundaria frente al objetivo de mantener a las mayorías en una expectativa perpetua. Pretender desmontar esa racionalidad con hechos es como intentar refutar la fe con argumentos científicos.
Esquirla. A propósito de la entrevista de Daniel Coronell al presidente Petro: la historia está llena de personajes que sobreestimaron su grandeza y cegados por el afán de trascender, de ser inolvidables, confundieron el gobierno con la redención. La vanidad, cuando se disfraza de verdad, suele ser antesala del desastre.












