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Viernes 31 de octubre de 2025 - 01:00 AM

En Colombia la pobreza tiene nombre de mujer

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Durante su reciente visita a Bucaramanga, la precandidata presidencial Paloma Valencia utilizó la expresión “la pobreza tiene nombre de mujer”. Una frase que no debe entenderse como una etiqueta que disminuya su valor, sino como un reconocimiento a la fuerza femenina que sostiene la vida en medio de las adversidades. A pesar de las barreras históricas para acceder a empleos dignos, las mujeres han sabido reinventarse, crear oportunidades y sacar adelante a sus familias incluso en los contextos más duros.

En ese sentido la informalidad económica es un claro ejemplo de este liderazgo femenino. La mayoría de las iniciativas empresariales y microempresariales que vemos en las calles, los mercados y los barrios populares son encabezadas por mujeres que, con creatividad y resiliencia, generan ingresos y mantienen activos los circuitos locales de comercio. Aunque la informalidad refleja desigualdades en el acceso a empleo formal, también evidencia que las mujeres se han convertido en impulsoras del sustento cotidiano y en guardianas de la economía familiar.

Los bajos salarios y la discriminación laboral agravan este panorama, ya que muchas mujeres realizan trabajos esenciales que no reciben la retribución justa que merecen. A pesar de ello, su aporte no disminuye. Al contrario, continúan formándose, organizándose y elevando su voz para que la ciudad y el país reconozcan su participación como motor económico. La insistencia que muestran en buscar mejores condiciones demuestra una voluntad profunda de transformación social.

Ser cabeza de hogar en Colombia no es una misión sencilla. Representa cargar sobre los hombros responsabilidades económicas, emocionales y sociales que antes se atribuían de manera compartida. Sin embargo, estas mujeres han demostrado que su liderazgo va más allá de asumir una obligación, es un ejercicio de amor, estrategia y visión de futuro que garantiza oportunidades para hijas e hijos que buscan romper el ciclo de la pobreza. Datos del DANE muestran que en el 2024 la pobreza multidimensional descendió al 11,5 % (frente al 12,1 % en 2023). Mientras tanto, análisis especializados indican que los hogares rurales encabezados por mujeres enfrentan tasas hasta un 120 % más elevadas de pobreza extrema que los urbanos equivalentes.

Decir que la pobreza tiene nombre de mujer solo es válido si también reconocemos que la dignidad, fuerza y esperanza que sostienen a este país llevan el mismo nombre. Las mujeres colombianas son protagonistas de una transformación que avanza desde los hogares, calles y emprendimientos que ellas lideran con coraje. Darles condiciones más justas es un compromiso con el desarrollo real de Colombia. Apostar por la igualdad de oportunidades es una inversión estratégica pues cuando la mujer accede a empleos dignos y bien remunerados, se mueve la economía y se fortalece la sociedad. Si hoy la pobreza tiene cara de mujer, el futuro del progreso también debería tenerla.

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