La izquierda en Colombia ha sido, históricamente, ‘ninguneada’. Su participación en política ha sufrido, sistemáticamente, silencio, persecución y exclusión, así lo niegue la senadora ultraconservadora María Fernanda Cabal, para quien el exterminio de la Unión Patriótica, considerado así en un fallo del Consejo de Estado, no ocurrió por omisión de la Nación ante el accionar de fuerzas oscuras ligadas al paramilitarismo. Según la desmemoriada congresista, quienes pensamos contrario a sus convicciones tenemos el cerebro lleno de cemento. Lo hace con el deseo, quizás, la beligerante ‘dama’.
Desde el domingo pasado los contradictores políticos del progresismo hacen cuentas sobre el resultado que llevó a cerca de tres millones de personas a depositar su voto en una jornada considerada como ‘fría’, en la consulta del Pacto Histórico, a acomodar al senador Iván Cepeda en el partidor de las presidenciales de mayo próximo, y a configurar el orden de las listas que presentarán al Senado y Cámara en marzo, esto último una novedad en el juego democrático del país.
Para quienes han intentado minimizar el impacto de la consulta al haberse hecho con tanta anticipación, que bien hubiera podido ser un fracaso, demuestra el poder que representa para la izquierda ser por primera vez gobierno, con una presidencia polarizante y una oposición, como la señora Cabal, terca y pugnaz entre las propias facciones de derecha, y en el centro, los egos de ‘mejores’ líderes que impiden la coincidencia. Si bien el tiempo en política sí que es relativo, el segundero es implacable.
La crispación permanente causada desde la Casa de Nariño, llamando la atención de la opinión pública por medio de narrativas apegadas a su causa ideológica, mantienen la base de seguidores que no se arredran, todo lo contrario, dieron un golpe de mano con un resultado contundente: entre la consulta interna, sin elecciones generales, realizada por el Polo Democrático en 2009 a la del pasado domingo 26 de octubre, el número de sufragios creció de 483.493 a 2.753.738. Nada mal para una tendencia política cuya característica ha sido, desde los tiempos de Carlos Gaviria, proclive a clavarse su propia ponzoña por pugnas intestinas que impidieron su acceso al poder.
Según María José Pizarro, senadora y quien no compró pelea por el resultado -también sorprendente- de Carolina Corcho sobre quién ser la cabeza de lista a esta corporación, a lo mejor pensando en una posible fórmula vicepresidencial, el progresismo demostró al fin disciplina política y capacidad de organización, ayudado cómo no por la participación descarada de Gustavo Petro interviniendo en política así como de todas las entidades del Estado.
Si algo aprendió la izquierda en este país es a volver derrotas en causas victoriosas. El exprocurador Alejandro Ordoñez lo sabe.










