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Domingo 02 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

Santander, la tierra del olvido

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Lo que hoy vive Santander con el colapso de la Ruta 45A y la Transversal del Carare es la consecuencia de años de desatención, burocracia y abandono estatal. Dos corredores vitales para el sur del departamento y el oriente colombiano se encuentran en una situación que paraliza buena parte del desarrollo regional.

En cuestión de días, la región quedó prácticamente partida en dos. El cierre en el sector de La Charca, en Oiba, y la pérdida de calzada en la vereda Zarandas, en Vélez, pusieron en evidencia la fragilidad de la infraestructura nacional y la falta de planeación con la que se gestionan nuestras vías. Las comunidades afectadas, cansadas de promesas incumplidas, han salido a protestar, pues llevan años soportando el aislamiento, el encarecimiento del transporte y la pérdida de oportunidades.

Cada kilómetro perdido es un golpe directo al bolsillo de los transportadores, a los campesinos que no pueden sacar su cosecha y a los empresarios que ven cómo los costos logísticos se disparan sin que haya una respuesta efectiva del Estado. Se calcula que los sobrecostos diarios pueden superar los 75 mil millones de pesos, una cifra que además del impacto económico, refleja el profundo daño social que genera la desconexión.

Santander es pilar logístico del nororiente, y su relación con Bogotá y el Magdalena Medio es esencial para la economía nacional. El sector agropecuario santandereano, que aporta cerca del 7 % del valor agregado nacional, está en riesgo, con miles de pequeños productores y transportadores viendo cómo se pierde su esfuerzo en carreteras destruidas.

El golpe alcanza incluso a los hogares colombianos. Santander abastece casi el 40 % del pollo y los huevos que se consumen en el centro del país. Con los corredores bloqueados, es cuestión de días para que el desabastecimiento provoque un alza en los precios de la canasta familiar y agrave la inflación. A esto se suma la interrupción del transporte intermunicipal, con más de 60 mil pasajeros diarios atrapados entre desvíos, demoras y riesgo.

Para la Casa de Nariño, esta tierra parece existir únicamente cuando hay que buscar votos. Mientras este Gobierno siga en el poder, Santander será la tierra del olvido, condenada a la indiferencia centralista. Pero la respuesta no puede ser bloquear nuestras propias vías ni aislarnos más.

Necesitamos un presidente —o una presidenta— que vuelva a mirar hacia las regiones con empatía y compromiso, que entienda que, como la luna que alumbra por la noche los caminos, como las hojas al viento, como el sol que espanta al frío, como la tierra que aguarda la lluvia y como el mar que espera el río, este pueblo sigue esperando el regreso de un mandatario que quiera recuperar a la tierra del olvido.

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