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Lunes 10 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

El “comunicado” que no fue

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Este tema tan “traqueando y hasta molesto”, toca abordarlo.

“Después de una profunda reflexión (evitó una trombosis), personal y familiar, y poniendo en primer lugar la responsabilidad, la coherencia (preguntaremos cuál), he tomado la decisión de retirar mi candidatura a la Alcaldía de Bucaramanga para las próximas elecciones atípicas…” Eso dijo el excandidato por cinco días y ahora nuevamente candidato Cristian Portilla en su comunicado a la ciudadanía.

De poco le sirvió la “profunda reflexión” y los “motivos estrictamente personales, que requieren de tiempo, atención y compromiso”, y su cuento de entrega total “con transparencia y sinceridad”, su “agradecimiento a la comprensión, el cariño y el respaldo recibido”, todo para terminar bajándose del bus y subirse nuevamente, olvidándose de sus palabras y de las “profundas reflexiones” familiares y personales que lo requerían.

La improvisación en todo: en su renuncia, en su retorno, en la ejecución, en el Plan de Desarrollo, en ese estilo de secta, en la falta de comunicación con la ciudadanía.

Su falta de pudor a la hora de intentar hacernos creer que Beltrán es como la emulsión de Scott, que todo lo arregla, que es “bendito” (ojalá lo fuera de verdad por el bien de la ciudad).

Algunos optimistas (sobre todo los de la iglesia cristiana) creen que Bucaramanga cambiará, pero los hechos demuestran lo contrario: que la ciudad desmejoró.

Todos debemos buscar soluciones para la ciudad y todos deben ser escuchados si realmente queremos que Bucaramanga vuelva a ser como antes. Se requiere urgentemente mejorar la calidad de vida ante tanto desorden, inseguridad, congestión y falta de cultura.

El que llegue, que gobierne con honradez, sin negociar los contratos (¿es mucho pedir?), sin negociar cargos; el que llegue, que gobierne con carácter, que camine la ciudad no solo en campaña, sino todos los días de su gobierno, con humildad, con transparencia, austeridad, con ejemplo, como un espartano, con rectitud (sin cinismo, porque ahora todos posan como anticorrupción), sin vender su autonomía, respetuoso con las minorías, con las mujeres, con la infancia, con los animales.

Eso esperamos y queremos del elegido alcalde: compromiso con toda la ciudad y no solo con los grupos políticos que lo respaldan.

Que libere los barrios, promueva la solidaridad, forme a la juventud en liderazgo, realice un convenio con el prestigioso Instituto de Lenguas de la UIS, preparado para enseñar a los niños en los barrios.

Nota: El peaje de la Mesa de los Santos tiene que entregar cuentas a sus habitantes, que claman transparencia y “conocer las inversiones” hechas con los dineros recogidos. Hay que acabar con ese cobro ilegal y que, en adelante, la comunidad pueda privilegiar y decidir sobre las inversiones.

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