Una buena noticia. Como lo informó Vanguardia, el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) aprobó los recursos financieros para la construcción de la Planta de tratamiento de aguas residuales (Ptar) del Río de Oro, un importante proyecto para la descontaminación de las aguas residuales de los municipios del área metropolitana de Bucaramanga. Es un objetivo con más de una década en planificación y estudios de factibilidad técnica y económica para la obtención de la licencia recientemente aprobada por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA). Es un gran logro por el alto monto de la inversión de 1.29 billones de pesos. Para reconocer el trabajo realizado por la Empresa Pública de Alcantarillado de Santander (EMPAS) y de la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta (CDMB). Y desde luego que es fundamental el trabajo en equipo con las autoridades de los municipios beneficiados. Lograr construir la Ptar se convierte en un gran referente nacional en el contexto de la creciente contaminación hídrica de quebradas, ríos, lagos, lagunas y ciénagas del país afectando a millones de personas.
Pasemos a una mala noticia. Con respecto a la contaminación atmosférica del área metropolitana de Bucaramanga, los oportunos estudios del Departamento de Salud Pública de la Universidad Industrial de Santander (UIS) son alarmantes. Entre 2023 y 2024 han ocurrido 339 muertes causadas por diferentes enfermedades debido a la mala calidad del aire que se respira.
Como lo informan los expertos y la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación atmosférica puede ser causa de un número importante de enfermedades como cardiopatías y accidentes celebrovasculares, enfermedades pulmonares, infecciones respiratorias y cáncer de pulmón, con consecuencias fatales en muchos casos.
Que el informe de la UIS, más la información de la CDMB sobre el incremento de concentraciones de material particulado PM 2.5, obligue a las autoridades municipales al desarrollo de estrategias y planes que conduzcan a reglamentar, controlar y monitorear las actividades generadoras de emisiones contaminantes, para en lo posible hacerlas reducir a niveles que no afecten la salud y el medio ambiente.
No es fácil, más aún con los más de 900.000 vehículos entre carros y motos en el área metropolitana, y que como se observa con frecuencia muchos son “vehículos chimeneas”, circulando por las vías sin ningún control. Se debe hacer lo mismo en negocios con mechones contaminando el aire. No esperar a que se incrementen las muertes para actuar. Y se esperan también acciones efectivas de las autoridades respectivas contra la contaminación acústica, otro de los problemas ambientales que más afectan la calidad de vida.










